la gravedad del pornografo
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


































 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LA YEGUA HA DESAPARECIDO. AHORA SÓLO SE MUESTRA LA SEÑORA PAQUETA QUE ESCRIBE Y HABLA COMO GRACIELA BORGES EN LAS PELÍCULAS DE TORRE NILSSON (O MEJOR, DE RAÚL DE LA TORRE).





Por AMíLCAR MORETTI


Desapareció la Yegua. No hoy, ni ayer, ni esta semana que termina. Hace tiempo que no aparece. Desde antes de las elecciones, uno o dos o tres meses antes del 23 de octubre, cuando el Frente para la Victoria a nivel nacional arrasó con más de la mitad de los votos. La injuria, que resumía la escatología del odio social clasista, de un momento a otro se fugó, escapó, hizo silencio. Es probable que la percepción del silenciamiento, aunque surgido en breve lapso, es lo que se haya hecho de pronto notable.

   El agravio que buscaba la descalificación comenzó a hacerse “antipopular”, diría más bien, inconveniente para ese sector amplio de las clases medias que mide al país según sus egoísmos individuales, sus consumos de círculo. La derecha, las elites económicas y mediáticas, nacionales o mundiales, saben mucho de estos egoísmos íntimos que despiertan masivos: tocan algunos puntos sensibles –por lo general, el miedo y la mezquindad, el prejuicio y el racismo- y franjas amplias de pequeña burguesía muestran su parte fea, desagradable, antisocial, la parte fanática y mortuoria de su formación cultural-ideológica y miserias clasistas. Como se dice, “muestran la hilacha”, y ahí es cuando se revela cómo es la tela, la fibra, el tejido profundo, para qué han de servir esos grupos (o no) en los momentos claves.

          La señora presidenta, que soportó como una Persona el agravio que le adjudicaba indignidad, hace meses que no es la Yegua. Cambió el discurso social: la obscenidad que rebaja al que la pronuncia mutó en silencio que suena a oportunismo, a pancismo, a conveniencia de coyuntura. Sí, es cierto, en número electoral eso no importa: lo que valen son los votos. En aritmética no interesa si que el que votó a Cristina Fernández de Kirchner lo hizo para ver si el año que viene puede cambiarse el auto de nuevo o porque recibió un subsidio por hijo que le permite comer o porque sintió que este gobierno encarna, aunque sea en parte, lo mejor del peronismo histórico (1945-1955) rescatable hoy según la correlación de fuerzas y los reciclamientos imprescindibles.

           Lo esencial son las convicciones, la idea central y la meta identificatoria: en este caso, la distribución, o la redistribución, “populismo” que le dicen los que quieren descalificar de otra forma (de ignorantes, no más, porque el concepto ha sido rescatado por muy buenos pensadores sociales). Lo que no puede entender un europeo o un norteamericano, pese a que “se crean” a un Berlusconi o a un Bush (y a Obama también), lo puede entender un latinoamericano, mestizo o no (casi todos los somos), que viene de abajo y vio como era la cosa con la democracia parlamentaria cuando la riqueza se acumula en un lado.

            La Yegua está ahora en la reunión trascendental de la nueva Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), 33 naciones reunidas, incluida la gloriosa Cuba –gloriosa porque, es probable, tiene el pueblo más digno del continente del último medio siglo-, pero sin Estados Unidos ni Canadá. La CELAC tiene la intención de sustituir a la OEA, que ya hace también más de medio siglo que no sirve para nada, o que no nos sirve a los latinoamericanos, y sí sirve a Estados Unidos, el poder militar-mediático más fuerte del planeta. Ya Descartes (Juan Domingo Perón), en 1951, alertaba: “La Organización de Estados Americanos ha sido nuestra cruz. Con la misma técnica y el pretexto de la buena vecindad, ha ido creando organismos engañosos, que, a manera de una trampa, están maliciosamente destinados a atrapar a nuestros países en una red de compromisos inadmisibles.” (“Política y estrategia”, p. 136, E. Aquarius, BS.AS., 1973).

          Entonces, la Señora, junto al resto de los países del subcontinente y América central, lo que ha hecho es retomar nada más que tácticas y estrategia de los principios del peronismo originario. Lo opuesto a las “relaciones carnales”, violatorias y de abuso en más de un sentido. Hay que ser muy ganso o tener muy mala leche para creer que el camino de los “exitosos” es de unirse como débil y entregado al poderoso que no piensa dar nada y que, por el contrario, ha demostrado que siempre quiere llevarse lo más posible. Nadie regalada nada, y menos regala el poder (y la riqueza) el poderoso al débil. El débil, para el poder, está para servir, más aún si está sólo; un tanto más ha de costarle al poderoso la exacción de los débiles si todos están –estamos juntos- juntos.

           Por eso, ya se ha reconocido que la CELAC busca sustituir a la inservible OEA, que integramos aunque patee siempre contra nosotros. No pedir nada por ella, entonces, ni gastar esfuerzos en transformar lo que no va a cambiar. Sí generar una organización paralela que sirva los intereses nuestros y de todos nosotros; después se verá cómo se negocia con el poderoso, porque –claro- habrá que negociar, que en política negociar no es comerciar ni vender ni regalar, sino estar activo en el mercado para intercambiar con la obtención de las mayores ventajas. Eso –se lo digo en especial a un lector de San Juan, aunque no es el único ni mucho menos- es estrategia política.

Y a propósito de la desaparición de la Yegua, habría que mencionar un detalle, bien claro, tanto de la Presidenta como de Perón. Una tiempo antes de las últimas elecciones, cuando parecía que muchos dudaban, sobre todo en los sectores medios, Cristina Kirchner les dijo –o dijo- algo así como: “Si no es porque coinciden con mis ideas o no son peronistas, por lo menos vótenme para seguir consumiendo”. Si se quiere, un voto “pancista”. Pero también un voto motivado por el sentido común. Avivarlo al votante zonzo diciéndole: “Si ahora, los que antes estábamos bien y los que antes estábamos mal pero ahora estamos mejor, es decir ambos, si ahora estamos bien, ¿para qué es que vamos a cambiar el gobierno? Sobre todo si se tiene en cuenta que frente al gobierno no hay nadie confiable”.

           No creo que sea un voto “revolucionario” (¿quién pidió eso?), ni siquiera un voto reformista o progresista, al menos el de ese amplio sector que votó por conservar su buen nivel consumo. Pero tampoco es un sufragio ilegítimo (aunque legal) ni incomprensible. Puede dudarse de su consistencia ideológica y de su permanencia en el tiempo, según las circunstancias, pero no de que sea un voto razonable, de sentido común, un voto de cajón. ¿O es que además de gorila (de la última hora o desde siempre) además sos, o son, boludos? En fin, que lo que quiso decir Cristina presidenta es lo mismo que ya Perón dijo en su momento: “El bolsillo es la víscera más sensible”, no tanto por el dinero del rico o medio rico sino por el estómago que duele de hambre cuando no hay monedas en el bolsillo. ¿Eh, se capta la idea?

          Lo cierto es que la Yegua es un apelativo que desapareció del público desprecio clasista y racista. No es tampoco alimentado de modo abierto por la cultura mediática –prensa y televisión- con la misma energía. Ahora hay otros mecanismos. Dada que la ocupación laboral –cualquiera sean las condiciones y salarios, a veces no óptimos ni justos- ha aumentado y es innegable; dado que el consumo ha aumentado, no importa si es por los subsidios tan criticados a los desocupados y a las madres con hijos a cargo y las jubilaciones para los que no aportaron, dado que todo eso ahora está y antes no (las jubilaciones se la llevaban los bancos privados y no quedó nada, o casi); dado q            ue todos esos beneficios están visibles en las calles, la “gente” optó por callarse la boca, y los medios modificaron el discurso para decir casi lo mismo pero de otras formas, o para presentar otros hechos de otra manera y con otra ubicación en la agenda mental colectiva.

          Y con relación a los medios y ciertas operaciones: préstese atención a la sucesión infrecuente y bien promocionada de crímenes que no eran muy comunes en la Argentina, que parecen de asesinos seriales a lo Hannibal Lecter (las dos jóvenes francesas, la piba tirada en un basural, el pide asesinado a martillazos, los tres policías serruchados a puro cuchillo, las cuatro mujeres (tres generaciones) coladas a puro garrote y daga, estos y otros hechos más muy extraños, “raros”, sin causas lógicas o verosímiles, con investigaciones confusas… ¿Vio? No me diga que no se había dado cuenta. Yo creo que sí, que la gente medio se dio cuenta: sólo que ya no habla mucho de esos hechos horrorosos. ¿Miedo? Sí, claro. Pero ¿miedo a quién?

      Lo cierto es que Yegua es una palabra soez que desapareció del habla común en insulto de clase media mezquina. Yo no creo que se haya olvidado. Está suspendida por ahora en el, digamos, inconsciente colectivo, o en el subconsciente de la masa clasemediera vieja y recién llegada, del grasa que pudo comprarse la cuatro por cuatro. “A veces un bruto suele ser peor que un malo”, decía Perón (p. 181, oB.cit.), porque al malo se lo puede persuadir para que actúe bien, pero al bruto… bruto es.

           Yo pienso –y ojalá me equivoque- que el “pensamiento” que concibió el insulto Yegua está suspendido. Pienso que, si se dan las circunstancias, puede brotar de nuevo, y aún peor.

El que ahora no pronuncia lo procaz no es tanto porque se haya convencido sino por lo de siempre en su comportamiento: la conveniencia personal. En principio, se dice a sí mismo: “Bueno, el 54 por ciento votó a la Señora, mejor me callo la boca.”  En fin, digo que no hay que confiar en ese voto voluble y descreído. Esto lo sabe muy bien Cristina Kirchner. Por eso hace todo para avanzar en todos los frentes, los de adentro y los de afuera. La crisis mundial va a empeorar, y vendrá a golpear la puerta. Eso es seguro. Entonces, hay que estar preparado para abrir la puerta cuando nosotros, argentinos y latinoamericanos, querramos, y en las condiciones en que más nos convenga.

           Habrá más penas y olvidos, eso es seguro también. Y habrá que comerse algún que otro sapo, y hasta tal vez un cocodrilo. Pero no es cuestión de ponerse en fino ahora que hemos logrado esto. Peores cosas, y bien atroces, nos hemos comido sin hacer nada, bien calladitos la boca. Entonces, a no hacerse el “zurdo” purista, que ya están lo gorilas de la derecha conservadora, más de los que uno quiere y desea. La Yegua ya no está; ahora está la señora Sarlo. Y conste que pienso que Yegua es un sustantivo (no adjetivo) que tiene, en el fondo, un perfil bien sensual y de poderosa facultad femenina, creativa, vital y reproductiva. En cambo, las señoras enjutas, paquetas, librescas, con parla a lo Graciela Borges “años Torre Nilsson” y chisporroteadas en color cama solar, apenas pueden hacer algunos textos escriturarios, de tanto en tanto.  Corrijo, no sólo Torre Nilsson; más bien, Raúl de la Torre.


Madrugada del sábado 3 de diciembre 2011. Argentina, La Plata (a 60 kms. de Buenos Aires).

Fecha de publicación 13-12-2011
"Esta nota es una reelaboración de la nota publicada en el Blog Erótica de la Cultura: http://amilcarmoretti.wordpress.com"

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