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TERROR SIN DESCANSO
Y MIEDO DE JUGUETE
El cine de terror “gore” y de zombis reconoce desde hace más de una década una producción sostenida en Argentina. Son producciones independientes no integradas al circuito de salas que convocan un público joven de aficionados, reciben elogios en el extranjero y tienen sus propios festivales. La capital de la provincia de Buenos Aires es centro de estas realizaciones. Falta determinar hasta dónde esta elección de cine de género significa un exorcismo juguetón y probable formación para el trabajo en el extranjero que interpreta raíces lúgubres en una ciudad golpeada con la mayor truculencia por la dictadura militar de las desapariciones.
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FOTOGRAFÍA
36 pasos, de Adrian García Bogliano. Paura Flic |
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La Plata es la ciudad con mayor cantidad de zombis de la Argentina. Es la que guarda el mayor número de muertos insepultos. No tienen tumba. No se los ha encontrado. No se sabe dónde están y sus familiares, encabezados por Madres y Abuelas, los buscan desde hace 34 años.
En proporción a sus habitantes, la ciudad es la que registra mayor número y concentración de desaparecidos durante la última dictadura militar, entre 2 y 3 mil personas, según diversas y fundadas apreciaciones. Debe tenerse en cuenta que muchas desapariciones forzadas, ya sea por terror, resignación o “convicción” no han sido denunciadas por las familias, si es que sobrevivieron o no les perdieron los últimos rastros a las víctimas, por lo cual el cálculo en la capital de la principal provincia y en la zona denominada Gran La Plata, que comprende poblaciones limítrofes, es difícil de precisar. Es, puede decirse, una ciudad de terror. Terror oculto, innombrable la mayoría del tiempo, pero presente, como una gran sombra. Donde siempre hubo un bosque orgullo de fundadores se aplicó la “ley de fuga” a prisioneros, y cerca de edificios públicos se hizo estallar a personas amarradas a explosivos. Esto sin contar los campos de exterminio clandestinos, en los alrededores de la ciudad. Mucho dolor. Mucho terror, demasiados aparecidos, multitud de almas en pena. Pero no es “luz mala” sino Luz Buena que parpadea, que siempre nos recuerda que algo –alguien, muchos- falta. Es la “falta” (¿lacaniana?) hecha vacío en el espacio urbano y ánimo colectivo. ¿No se percibe? ¿Muchos no saben? Es renegación, pura desmentida.
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“La Plata es, puede decirse, una ciudad de terror. Terror oculto, innombrable la mayoría del tiempo, pero presente, como una gran sombra. Donde siempre hubo un bosque orgullo de fundadores se aplicó la “ley de fuga” a prisioneros, y cerca de edificios públicos se hizo estallar a personas amarradas a explosivos. Esto sin contar los campos de exterminio clandestinos, en los alrededores de la ciudad. Mucho dolor. Mucho terror, demasiados aparecidos, multitud de almas en pena. Pero no es “luz mala” sino Luz Buena que parpadea, que siempre nos recuerda que algo –alguien, muchos- falta.”
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FOTOGRAFÍA
Revolución Tóxica. Plaga Zombie, de Pablo Parés
y Hernán Sáez. Farsa Producciones |
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No debe sorprender entonces que tres décadas después la ciudad se haya convertido en centro de producción de películas de terror, en especial “gore” y “slash”, el sanguinolento y de tortura (ver http://pauraflics.blogspot.com/), especie cinematográfica que no puede disimular su trasladado desde Hollywood por ciertas fórmulas expresivas, temáticas y de producción, pero que, dado lo dicho al principio, no arraigó en cualquier sitio sino aquí. Esta “elección”, al parecer, bien puede explicar lo apropiado de la adaptación para su germinación en este preciso lugar aquí al sur, y acaso su reproducción en el país. Tal vez todo el país, afectado por el mayor quiebre cultural
del siglo pasado (30 mil desaparecidos) después del 17 de Octubre de 1945 y el surgimiento del peronismo, sea territorio propicio para el cine de terror. En Haedo, Morón, al oeste de la ciudad de Buenos Aires, la zona “pesada” del conurbano, otro grupo dedicado al cine de zombis trabaja desde hace años (ver http://farsaproducciones.blogspot.com/). |
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DOC, DE GÉNERO O AUTOR |
Hay que considerar también, además de las facilidades de rodaje que da el formato digital, los modestos capitales invertidos por estas producciones de terror, lo que hace posible la autogestión. Y debe tenerse en cuenta de modo especial la formación televisiva,
videogame-identitaria
y cinematográfica de género de las últimas generaciones, que encuadran –es una hipótesis- con el peculiar clima colectivo del posmenemismo en el cual se continúan muchas de las características centrales de la década de la convertibilidad. Se trata de gente condicionada en el entorno de valores de la etapa cultural menemo-cavallista, lo que no implica mecánicas adhesiones partidarias a ese plan de gestión del país sino una forma de percibir la cultura, el cine, la nación y el mundo, la realidad, si se quiere. Y a la vez, una formación que ve cómo esos valores entran en declinación y crisis, con estallido en el 2001.
El resultado no ha sido mecánico, como no lo es nunca: así como un alto porcentaje de los nuevos cineastas que debutó en los 90 se inclinó por la ficción de autor, egresados en general de escuelas de cine privadas de altos aranceles, y otra parte encaró la
acción militante y mucho menos conocida del videoactivismo
y el cine documental y político, de gran desarrollo hoy, en el caso a que me refiero se trata de jóvenes provincianos (o no porteños) o de gente del conurbano que han optado por el cine de género, el de terror en especial.
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“Debe tenerse en cuenta de modo especial la formación televisiva, videogame-identitaria y cinematográfica de género de las últimas generaciones, que encuadran –es una hipótesis- con el peculiar clima colectivo del posmenemismo en el cual se continúan muchas de las características centrales de la década de la convertibilidad.”
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EN BOLAS COMO LA MADRE QUE LOS PARIÓ |
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FOTOGRAFÍA
Zona Mutante. Plaga Zombie, de P. Parés y H. Sáez. Farsa Producciones |
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Estos nóveles e independientes realizadores suelen no contar en ocasiones con la identificación irrestricta de intenciones en cuanto al propósito del cine por parte de todo el cuerpo docente –formado en las generaciones del 60 y 70- de la escuela de cine dependiente de la UNLP. Tampoco son tomados muy cuenta o reconocidos por el Instituto de Cine (INCAA), por lo cual puede imaginarse escasa preferencia en el apoyo financiero oficial. Pero, salvo casos contados, esto último (la falta de contribución del Estado) corre también para el cine documental -de gran desarrollo y aún más desconocido que el de terror para el público-, y para casi toda la producción de los jóvenes que desean debutar. Es cierto asimismo que
el género de terror, en particular el sanguinolento y de truculencia con algo de sexo, no ha sido incorporado como cine “serio” entre nosotros y buena parte de la “cultura oficial” mundial. |
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En realidad son escasas las películas de terror o suspenso fantástico y de miedo en nuestra historia cinematografía. Cuando se han intentado algunas muestras de terror, sexo y violencia no fueron reconocidas por el público ni distribuidoras, salvo casos de películas de temática cercana como algunas de las interpretadas por Nathán Pinzón en los años 50 y Narciso Ibáñez Menta más tarde en televisión. Casi nunca prendieron siquiera por el lado de la lógica del negocio puro. Las pocas producciones que hubo sobre vampirismo no resultaron creíbles para los espectadores, que
sí aceptan aún a los vampiros anglonorteamericanos, como si el género no tuviera asidero verosímil escenificado en nuestro medio y cultura o como, hago una interpretación grosera, como si no fuera posible imaginar el vampirismo como un aspecto del acervo de nuestra cultura. Esto último tal vez sea cierto, pero hay que considerar que el mito vampírico es también una mirada, una forma de percibir el mundo, una manera de interpretar el acontecer humano y que reconoce algunas raíces en leyendas populares rurales.
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LOS QUE VUELVEN DIA Y NOCHE
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Desde hace años percibo zombis en la ciudad, muchos. No respetan la exigencia del género ficcional que los condiciona a salir a la calle sólo de noche. Se los puede percibir también de día, a plena luz del sol. Se los siente durante toda la jornada, día tras día, a lo largo de meses y años. No es que se los vea sino que se los siente, se los escucha, se los intuye en algunos gestos de los otros, los vivos o supervivientes, y aún de jóvenes y niños que pueden (acaso) no tener información de ellos pero que igual, estoy seguro, se dan cuenta y no saben de qué se trata. Están presentes-ausentes como fantasmas, espectros, zombis. No me refiero a los bobos y atontados, superclimatizados, sobreadaptados que todo el día repiten las sandeces y patrañas que difunde la televisión, esos que Almodóvar dice que en las mañanas tibias se pueden observar en camino por la calle “como zombies, es decir, personas sin alma y con periódico bajo el brazo” (*). No. Esos no. Se trata de los otros, los 2 o 3 mil que no se comen a nadie, o casi, pero perturban a muchos.
La gran mayoría no sabe qué hacer con ellos, hace como que no están, simula que son “asuntos” del pasado o bien niegan que vez alguna los haya percibido. Son como abrumadoras imágenes subrepticias, sonidos, recuerdos vagos, escenas fragmentadas y fugaces. Aparecen y desaparecen. No son siempre desaparecidos. No están pero están. A veces parecen estar siempre, no retirarse, y otras hacen pensar que se han ido para siempre. Pero reaparecen, no se comen a nadie ni están corrompidos, como los de las películas clase B de Hollywood. En ellos, todo lo que es sangre, tortura, vejaciones y violaciones y muerte está detrás de un velo. Son espectros pudorosos, la gran mayoría jóvenes y hasta adolescentes, casi niños y niñas, de clase media. Muchos muestran ingenuidad, pero con dolor, desesperación, estupor, cara de haber sido defraudados.
A veces creo que los demás no los perciben tan fuerte como yo a causa del rechazo a sólo imaginar el detalle de lo atroz, pero que igual los perciben y callan, por miedo, por mezquindad, por vergüenza, por culpa. A veces, en cambio, creo que a casi cuatro décadas de la masacre y cacería con 30 mil muertos-vivos, la negación o renegación más que con los detalles del horror tienen que ver con la necesidad de no creer que tales atrocidades puedan haberlas cometido humanos argentinos como cualquiera de los que caminan por la calle con el diario bajo el brazo en las mañanas tibias. Nadie sabe lo que duele un cuerpo (ajeno). Pocos saben lo que duele la memoria de la mayor crueldad en la injusticia colectiva. Los que martirizaron a tanto argentino que aún anda en pena los ven y saben de ellos más que ninguno, pero niegan y argumentan principios. Tanto justificarse a sí mismos no les resulta en que lo sucedido no hubo sucedido. Tampoco en que el pasado no tiene arreglo. Se les muestra en cambio el espejo insoportable en el que se ven volver a hacer lo mismo y aún peor en circunstancias parecidas.
Amílcar Moretti, 17 abril 2010
(*) “Patty Diphusa”, p.56., 1991-2010, Anagrama-Diario Página12.
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No moriré sola, de Adrian Garcia Bogliano. Paura Flic. De Hernán Moyano blogspot.com |
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ZOMBI PERO CON DINERO |
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36 pasos, de Adrián García Bogliano, de Paura Flic |
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En cualquier caso, si se tratase sólo de un asunto de valoración intelectual-nacional, en trámite de idear adecuaciones (y contar con el presupuesto adecuado) podría imaginarse un vampiro o zombi caníbal argentino en Europa o Estados Unidos haciendo de las suyas, en secreto (pienso en “Sangre caníbal”-“Trouble Every Day” de la francesa Claire Denis con Vincent Gallo en el protagónico). Hasta podría ser un argentino en un no infrecuente exilio obligado ante la indiferencia e ignorancia que no le permiten aquí desarrollar de modo seguro su actividad de subsistencia. En fin, son ideas. Si bien casi todos los géneros del cine reconocen en sus formas raíces bien determinadas por lo nacional o regional de las culturas y sus intercambios, y en tal sentido parecen más viables o “naturales” en espacios definitorios, también es cierto que, al encontrar
una mirada propia
(la “forma de traslación”), pueden ser propicios en cualquier ámbito, o desde cualquier terreno. |
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Por lo demás, entre otros aspectos y probables condicionantes a considerar sobre el género “gore” en Argentina o la ciudad, está el imaginario de las nuevas generaciones consistente en hacer carrera de Hollywood. Para ellas, triunfar en cine significa tener éxito en Hollywood. Es como el caso Messi: ser estrella hoy en la etapa financierizada del capitalismo post 1989 significa más que nunca éxito, fama y prestigio medido en dólares, si es posible millones de dólares. No puede negarse que la suma de la perfección técnica profesional puede lograrse en Hollywood, aunque en muchos casos casi todo en realidad se haga ahora en agencias de Hong Kong, que resultan más baratas. Es la “tercerización” del cine. De todos modos, una breve temporada en la industria o televisión de Estados Unidos permite hacer una bolsa de dólares que aquí llevaría varios años o toda una vida, de haber trabajo.
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“El imaginario de las nuevas generaciones consistente en hacer carrera de Hollywood. Para ellas, triunfar en cine significa tener éxito en Hollywood.”
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CINE EXPRESIVO PERO SIN PÚBLICO |
Las nuevas generaciones, y esto implica hasta los que cumplen 40 (el de los “nuevos niños, los “nativos digitales”, parece ser un caso diferente) han sido formadas frente al televisor, la PC, la despolitización y el retraimiento de la dictadura militar, el individualismo y fragmentación de la década menemo-cavallista y otras traducciones de la caída y desilusión del socialismo real y la consiguiente hegemonía del neoliberalismo. Hay una contradicción que señalé reiteradas veces en prensa escrita consistente en que, en el período de mayor regresión cultural e ideológica de la Argentina del siglo pasado (tras la represión de 1975-1983), es decir entre los años 1989 y 1999 del menemato se produce un inesperado, valioso y renovador resurgimiento del cine argentino, como no se registraba desde la generación del 60, después del derrocamiento de Perón.
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Revolución Tóxica, de Pablo Paréz y Hernán Sáez. Farsa Producciones |
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Autores como Perrone, Rejtman, Trapero, Caetano, Lucrecia Martel y otros muchos marcaron una ruptura crucial en la narrativa del cine nacional. Al mismo tiempo, salvo excepciones, consolidaron la fractura con la masa de espectadores mayoritaria iniciada en los años 60 por el “Primer” Nuevo Cine Argentino. Es una bifurcación entre estética valiosa y público mayoritario, hasta ahora no reparada de manera sostenida y sistemática, si es que tal reparación es posible en un contexto mundial de hegemonía hollywoodense. (click a ¿Dónde están los ricos y los pobres en nuestras pantallas?)
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“Hay una contradicción que señalé reiteradas veces en prensa escrita consistente en que, en el período de mayor regresión cultural e ideológica de la Argentina del siglo pasado (tras la represión de 1975-1983), es decir entre los años 1989 y 1999 del menemato se produce un inesperado, valioso y renovador resurgimiento del cine argentino, como no se registraba desde la generación del 60, después del derrocamiento de Perón.”
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La contradicción u oxímoron cultural entre menemismo y cine argentino de calidad incluye el acierto extraño de su segundo término. Que el cine nacional haya estallado revulsivo y transformador con respecto a las anteriores fórmulas expositivas puede apuntarse como una singularidad inesperada de la década de la convertibilidad. Un cine muy premiado en el extranjero. Todo quedó destruido o desfigurado, salvo la creatividad –que no la industria, nunca constituida con fuerza- del cine nacional. Que ese cine joven haya sido muy reconocido en el exterior y casi ninguneado en el mercado interno, es otra cuestión para debatir en detalle por separado. De modo tal que cuando los integrantes de Paura Flics, “productora platense especializada en cine de terror que centra sus temática en películas de sangre, violencia y sexo”, se identifican a sí mismos como “nosotros los desconocidos, trabajamos para los ingratos. Estamos tan acostumbrados a hacer tanto con tan poco, que ahora somos capaces de hacer todo con nada", no sólo relatan una penuria provinciana en un medio social y cultural deteriorado sino que, también, suman al reproche que podría hacer la mayor parte de los cineastas surgidos a mediados de los años 90, a pesar de su apreciable calidad.
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PRIMERO BUENOS AIRES, DESPUÉS U.S.A.
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36 pasos, de Adrián Garcia Bogliano.Paura Flic. De blog Hernán Moyano |
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Hay que reconocer que el imaginario que sitúa a Hollywood como meta implica un recorrido muy difícil. Al último que pudo cumplirlo, Alejandro Agresti, parece que no le ha ido del todo bien fue si tenemos en cuenta la repercusión de “La casa del lago”, y eso que contó con la participación de súper estrellas como Keanu Reeves y Sandra Bulock. Antes sucedió con Luis Puenzo (“Gringo viejo”), aún a pesar de tener la presencia de Jane Fonda y Gregory Peck. Agresti todavía lidia con el sistema y puede acertar en términos norteamericanos. Hollywood tiene una regla ineludible:
el primer fracaso financiero desplaza a la nueva estrella de la dirección, a veces para siempre. En cualquier caso, siempre “hay buen dinero”, mucho más del que puede hacerse acá en varios años o en una vida entera, si es que hay trabajo en continuidad. |
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“Un cine joven argentino muy premiado en el extranjero. Todo en la Argentina de Menem-Cavallo quedó destruido o desfigurado, salvo la creatividad –que no la industria, nunca constituida con fuerza- del cine nacional. Que ese cine joven haya sido muy reconocido en el exterior y casi ninguneado en el mercado interno, es otra cuestión para debatir en detalle por separado.”
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Afiche Festival 2006 |
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Al único que le fue bien en Hollywood fue al mendocino Hugo Fregonese (1908-1987), autor de una de las mejores películas policiales argentinas y una de las más destacadas de nuestro cine: “Apenas un delincuente” (1949). El cine policial negro tiene una distinguida historia en la pantalla nacional, al parecer nunca retomada del todo. Fregonese, contratado por la Columbia, dirigió muchas películas en Hollywood con estrellas de la significación de Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Joan Fontaine, Jack Palance, Edward G. Robinson, Joseph Cotten, Gilbert Roland, Robert Taylor, Cyd Charisse y muchas más. |
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Entre los actores criollos en Hollywood, la performance fue más limitada: no encontró su lugar, entre las últimas, Norma Aleandro. Sus antecesores a los que les fue mejor, tuvieron roles subalternos o encasillados y a lo sumo una notoriedad fugaz, como Carlos Thompson en los años 50 (se suicidó en 1990) o Fernando Lamas (1915-1982), que figuró como “latin lover” gracias a su innegable pinta y después hizo carrera como director de televisión. Su rol de amante latino fue satirizado luego por Billy Cristal en un famoso programa cómico televisivo de los sábados a la noche. En ambos ejemplos no habría de desestimar la incidencia que en la inserción en Hollywood tuvieron las esposas hollywoodenses, Lili Palmer para el caso de Thompson, y la estrella y nadadora de musicales Esther Williams (entre cuatro matrimonios norteamericanos) para Lamas.
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Revolución Tóxica. Plaga Zombie, de Pablo Parés y Hernánz Sáez. Farsa Producciones |
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| Una franja o mayoría de los aspirantes o cineastas nuevos han renovado ese imaginario que ilusiona a Hollywood como utopía. Entre ellos los que ejercitan a conciencia y vocación el “gore”, zombis y serie “slash” (cuchillazos para salpicar sangre). Parecen plantear muy claro, acaso en un acto de sinceridad que no se atreven a asumir muchos colegas porteños de cine de autor, que su labor narrativa pasa en lo básico por hacer productos en lo posible de buena factura a efectos de lograr la meta ansiada: éxito en el centro del cine mundial. Éxito en cine significa, como en otras áreas, fama, dinero, prestigio y cierta cuota de poder y autonomía. En cine eso sólo lo puede dar Hollywood, o la televisión norteamericana. Por ahora, como modelo más comprobable de este esquema figura primero Juan José Campanella, que dirige a veces televisión en EE.UU. |
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36 pasos, de Adrián García Bogliano. Paura Flic |
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Festival Rojo Sangre, de blog Hernán Moyano |
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Por Amílcar Moretti 17 de Abril de 2010
© Amílcar Moretti, 2010
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