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La fantasía como realismo
ESTADOS UNIDOS, UNA CULTURA QUE NO PUEDE CON SU GENIO
La ciencia ficción es la narrativa realista que se da y permite a sí mismo el capitalismo tecnológico y financiero en su actual fase instrumental que amenaza con terminar con todo vestigio de subjetividad humana. Es la celebración del autoaniquilamiento por codicia compulsiva acumuladora y macrocefalia que ha convertido a la razón científica en nada más que perfección técnica. Todo parece una leyenda, pura fantasía, pero no relata el pasado sino que imagina el futuro para contar el presente. Por eso, volver sobre algunas buenas películas recientes pero ya vistas siempre es un ejercicio de confrontación con la verdad amenazada de desaparición como utopía.
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Estatua Libertad bajo las aguas en películas de Hollywood |
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“Yo soy el anormal ahora. La normalidad es un concepto mayoritario. Norma de muchos, no de un solo hombre”, reconoce Robert Neville instantes antes de tragarse las píldoras para irse de este mundo. Neville es el protagonista de “Soy leyenda”, la legendaria novela de Richard Matheson de 1954. Un personaje trágico y desolado que en su tercera –por ahora última- versión cinematográfica podrá verse de nuevo en la programación de cable no paga (estrenada en abril, repite el domingo 9 después de las 24, por Cinemax). Este solitario, el último ser humano “normal” en el mundo, o tal vez únicamente en “su” mundo, vaga por las abandonadas calles de Nueva York, ya campo abierto para animales salvajes y vegetación invasora. Neville (Will Smith, medido) cumple su rutina diaria de caza y recolección de vituallas por una desoladora Nueva York –otrora imponente e invencible a fuerza de hormigón y acero- después de haberse cumplido una de las temidas y siempre latentes catástrofes imaginables por obra del “progreso” tecnológico, en este caso la epidemia de un virus que convierte a hombres y mujeres en zombis, especie vampírica que come carne humana en salidas nocturnas y descansa de día.
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Soy leyenda, con Will Smith y fiel ovejero |
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TRES O CUATRO ANOTACIONES |
Esta versión de “Soy leyenda” y aún más la imperecedera novela de Matheson, permiten algunas anotaciones, dudas, certezas, angustias. Si la “normalidad” es obra de muchos, de la mayoría que la crea para que se ajusten a ella, entonces el diferente es “anormal”. Ejemplos: Hitler y el nazismo en 1939, o Mussolini en 1935 eran la normalidad. Bush (h), sin ir muy lejos, también. Stalin y sus 20 millones de desaparecidos fue el “padrecito” normal. Es la “Lógica Democrática” que empieza a verse en el presente, razón de la mayoría pero también de la diferenciación paso a paso hacia la selección, la segregación y la probable eugenesia de la nueva genética, aterrador perfeccionamiento de las teorías del italiano Cesare Lombroso en 1880. El salto –apenas un gesto siempre a punto de dispararse- a la paranoia, el terror y la hoguera no es algo extraño ni lejano. Ya sucedió varias veces. Pudo haber sido un infiel musulmán o una bruja. Un protestante. Un comunista y un burgués. Un campesino apaleado y hambriento, un pensador molesto. Puede ser un militante del fantasmal Bin Laden o un “populista” latinoamericano a lo Chávez, un habitante de Gaza, un iraquí o un colombiano en fosa común de 2 mil cadáveres, hoy. Todos “anormales”.
En las democracias la mayoría dispone, se supone. Claro, eso si hay soberanía y participación horizontal. ¿Pero si las mayorías son zombis? Ahí está por ejemplo la epidemia de la cultura mediática global. Todos consumen lo mismo y todos dicen querer ser “diferentes” sin dejar de pensar parecido, aún contra sí mismos. Es la “peste”. Las redes sociales internéticas. Facebook, inundada de balbuceos y monosílabos, con insultos, ultrajes, griteríos y sandeces, brutalidades anónimas y alguna que otra chispa perdida de sensatez, es la nueva democracia. Por ahora no es mayoritaria pero incide, y hasta moviliza. Pero tal vez esa peste facebookiana de control global pase a ser cura y defensa de la individualidad si se funde en un colectivo popular soberano. Tal vez.
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Culo planisferio, de www.igooh.com |
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Las técnicas, procedimientos, recursos y tecnologías cambian de mano, son producidas o cooptadas y absorbidas por el sistema en antinomia de dialéctica. El diferente responde con su imaginación protestataria, de rebeldía y crítica. |
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El escrache argentino surgió espontáneo para subsanar la ausencia de justicia procesal penal aplicada. No implicaba agresión sino señalamiento y revelación en el escenario del ocultamiento del delito genocida. El vecindario se desayunaba con el torturador de la puerta de al lado. Después, el recurso trasvistió en inverso cooptado, distorsionado y captado a favor del sistema: obesos sojistas patoteros se lo apropiaron para el huevazo contra el legislador llegado para el debate. El corte de ruta fue otra ingeniosidad argentina contra la desocupación y el despido del laburante, primero en la Patagonia, a mediados de los 90, cuando nadie hacía caso. Ahora se reconvirtió en obstaculización de los ricos que mueven a los tractoristas y camionetas para entorpecer o paralizar la circulación de productos hasta el desabastecimiento: no piquete sino sabotaje. En un país que empieza a fluir cianuro por los ríos desde el norte y la cordillera, por desidia e hiperganancias de multinacionales, se promociona la “ecología” de malquistarse con el hermano uruguayo.
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“El concepto de “normalidad” rechaza a los “diferentes”. Ya sucedió varias veces. Pudo haber sido un infiel musulmán o una bruja. Un protestante. Un comunista y un burgués. Un campesino apaleado y hambriento, un pensador molesto. Puede ser un combatiente del fantasmal Bin Laden o un “populista” latinoamericano como Chávez, un habitante de Gaza, un iraquí o un colombiano en fosa común de 2 mil cadáveres, hoy. Todos “anormales”.””
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DE LA CULOCRACIA A LA IDIOCRACIA
Facebook puede ser la epidemia planificada y no advertida. Acaso tenga ya resultados fuera de control. Pero en esa deriva imprevisible el virus puede mutar y convertirse también en inmunitario, inmunización colectiva frente a la estupidez o la inteligencia. Y luego, de nuevo, al revés. En el medio están los Robert Neville, entre dos épocas, entre dos mayorías que se imponen, por epidemia de bobería o racionalidad instrumental mercantil, y que de modo circularse se sustituyen y reemplazan. Es la famosa Culocracia. O la “Idiocracia”, la “democracia” de los idiotas (ver “Idiocracy”, película del 2006 dirigida por Mike Judge, creador de “Beavis and Butthead”. Consultar en http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/798386.html “Es el apocalipsis de la inteligencia”, dice “Vargtimmen”. Y “Neathara”, resume: “En esta película...
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- El planeta está hecho una mierda.
- La gente se alimenta de comida basura.
- Son idiotas.
- Se ríen con los vídeos de gente dándose de hostias.
- El presidente de los Estados Unidos es un ex-luchador de pressing catch.
- En los hospitales te atiende una máquina.
- Hacen espectáculos de muerte en directo.
- Discriminan a los diferentes.
- La prensa sólo publica noticias y tetas.
- Están globalizados.
Y dicen que ocurre en el 2500. ¡Ja, ja!”
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En un mundo idiotizado el diferente puede pasar a ser el sabio con destino trágico, como Roy (Helmut Hauer) en “Blade Runner” (1982 ). El androide o replicante de los humanos, ya más que humanizado, medita desolado sobre su “sin lugar” en un mundo que lo ha creado y ahora lo considera descartable y peligroso. El robot se convierte en peligroso cuando se humaniza.
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Rutger Hauer, es Roy,el replicante que desea ser humano en Blade Runner |
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LA VULNERABILIDAD DEL IMPERIO |
Al menos Nueva York ya no parece invulnerable. Está el 11 de setiembre del 2001, punto de largada. Hay quien supone que fue una autodestrucción. La manipulación o el dejar hacer a un grupo de fanáticos para entonces empezar con Afganistán e Irak. Es posible que dentro de poco siga Irán. O Venezuela. ¿Petróleo? En cualquier caso ahí está “Inteligencia artificial” de Spielberg. En el 2001, cuando ya no estaban las Torres Gemelas (que igual aparecen en la película), el pequeño David Swinton (el actor Haley Joel Osment a los 13 años), de la generación de los Pinochos robóticos para adopción de “niños cómodos” para familias “muy ocupadas”, a final de su travesía de desgracias medita sentado en una cornisa en lo alto de un edificio de Nueva York cubierta por las aguas. Un 11 de setiembre hiperbólico, anticipación o temor sobre el destino apocalíptico de un Imperio o de una megaurbe ya inhabitable.
Algo parecido se había visto antes en “Fuga de Nueva York” (1981). John Carpenter imagina a todo Manhattan como una gran prisión de tribus de desclasados y delincuentes, la escoria multitudinaria del capitalismo, prisión en la que cae por accidente el presidente mismo de Estados Unidos. Spielberg repitió en “La guerra de los mundos” (2005), que comienza en Nueva Jersey y termina en Boston, con un éxodo del pueblo y militares norteamericanos que inflige un serio golpe al narcisismo bélico todopoderoso de Estados Unidos, así como una severa humillación a su pueblo que recuerda el holocausto de los judíos por los nazis (la escena de los cadáveres arrastrados por la corriente del río, o bien la gran carcasa compresora que “exprime” de modo literal a los ciudadanos sin diferencias de clase, sexo, edad o color de piel).
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“El escrache argentino surgió espontáneo para subsanar la ausencia de justicia procesal penal aplicada. No implicaba agresión sino señalamiento y revelación del delito genocida en el escenario del ocultamiento. El vecindario se desayunaba con el torturador de la puerta de al lado. Después, el recurso trasvistió en inverso, cooptado, distorsionado y captado a favor del sistema: obesos sojistas patoteros se lo apropiaron para el huevazo contra el legislador llegado para el debate.”
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ASUNTOS PERSONALES |
“Soy leyenda” es una novela realista. Anticipatoria y realista. Diría que de realismo social. Con su segunda edición castellana de 1971 introduje por esa época en la alta literatura a algunos periodistas más jóvenes incorporados al diario de mis salarios. Tiempos urgentes, juveniles, calientes, confusos. Uno de esos chicos (entre los hoy sobrevivientes), que desarrolló después buena carrera en España, fue Jorge Zentner. Veinteañero entonces llegó azorado y con seductora curiosidad a la redacción proveniente de las tradicionales y pueblerinas colonias judías de Entre Ríos. Típico descendiente de los gauchos judíos. Zentner, desde 1976 –tras estar refugiado unos días en casa- se exilió por fin en Barcelona perseguido por sentencia de muerte clandestina, como miles de argentinos que no tuvieron su suerte. Volvió al país para algunos congresos después de 1984, restablecido el orden constitucional. En Barcelona publicó novelas, cuentos y libros para niños y llegó a convertirse en un reclamado guionista de cómics sobre todo en la parte oeste de Europa. Hoy, por lo que sé, se dedica a otra actividad, además de sus talleres literarios. (1)
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Jorge Zentner, no hace tanto |
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¿Por qué esa novela de Richard Matheson, y no otra de mi biblioteca, elegí en ese entonces para el compañero ansioso de iniciarse en la literatura pero indisciplinado en sus elecciones?
Temí que se asustara con la severidad de Balzac, por ejemplo. Pensé así en algo de altísima calidad y a la vez con suspenso. Horacio Quiroga era apropiado, pero conocido. “Otra vuelta de tuerca” de Henry James sonaba justa. Pero antes, me dije en esa y otras épocas en igual docencia-hormiga, mejor introducirse con “Soy leyenda”. |
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Es que, aún no añoso, es un libro con larga historia, también en ambientes locales. Tiene resonancias reconocibles para cualquier oído y ojo sensibles del siglo XX. Cualquiera que haya visto una foto de los crematorios de Austchwitz sabe a qué me refiero. Y no era poco el detalle de que Zentner es judío. El libro adelanta su ambientación en un futuro de muerte ubicado entre enero de 1976 y enero de 1979. Por entonces era un mañana sombrío bastante cercano; pero no lo imaginábamos aunque algo se intuyese. Vino a coincidir casi con exactitud con los años más atroces de la última dictadura militar, la de los 30 mil desaparecidos. Además había una primera edición inhallable de 1960. (Deseo aclarar que después Zentner, ya en el exilio, se convirtió en un voraz lector que me superó con creces).
“Soy leyenda” es un libro que nos marcó a unos cuantos. Puedo ahora comprender que uno de sus atractivos secretos es que capta, anticipa, percibe en el aire una situación generalizada de catástrofe. Tal vez Matheson, norteamericano de Brooklyn, enhebró el pánico nuclear por la Guerra Fría con la ex Unión Soviética y el avance, por entonces incontenible, del comunismo. Tal vez registraba la derrota-empate en la guerra con Corea del Norte, y de algún modo sentía venir lo que después sería el fracaso de Vietnam. Como a otros, a mí, jóvenes sesentistas, nos atrapó la tensión dramática y poética que sustentaba la percepción apocalíptica de lo que, ilusos, deseábamos negar desde lo ideológico, como si tuviéramos un exceso de biblia y sermones. No obstante, en ese texto encriptado y lúcido de la ciencia ficción de Matheson percibíamos la existencia mortífera de “los otros”, los “Ellos” de Oesterheld en “El Eternauta”.
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“La novela de Matheson, “Soy leyenda”, tiene resonancias reconocibles para cualquier oído y ojo sensibles del siglo XX. Cualquiera que haya visto una foto de los crematorios de Austchwitz sabe a qué me refiero. El libro adelanta su ambientación en un futuro de muerte ubicado entre enero de 1976 y enero de 1979. Vino a coincidir con exactitud con los años más atroces de la última dictadura militar, la de los 30 mil desaparecidos.”
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En la historia de Matheson “los otros” son vampiros, una variante de los vampiros: son zombis (no se me escapa que esta clasificación es un tópico de debate entre teólogos de la literatura de terror). Sucede que empiezan a verse tres clases de seres en disputa por lo “normal”: los “humanos” (es de presumir que gente como nosotros), de los que (dice Matheson ya en 1954) hay cada vez menos, o son más difíciles de encontrar. Después están los zombis (como los de “Thriller” de Michael Jackson). Por último, los asesinos blancos a sueldo, mercenarios de empresas privadas dedicadas a la represión brutal por encargo. Muchos -me incluyo porque yo era “predicador” del tema a principios de los años 70- hacíamos de la Argentina una intelección similar, aunque más confusa.
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Thriller.Michael Jackson rodeado de amigos |
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Creo que varios alrededor se dieron cuenta o lo sospecharon. Otros, muchos, sobre todo los 30 mil desaparecidos forzados, no lo veían así.
La matanza de Ezeiza en junio de 1974 fue la prueba que faltaba. No había zombis, aunque sí bandas de asesinos asalariados, todavía no en gran número, como los hubo después entre nosotros. Matheson en cambio sabía de qué hablaba: claro, él es el inventor de la teoría. |
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MINOTAURO: libros de muchos ojos
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“Soy leyenda” es un libro (y tres versiones en cine, la más reciente del 2007 con Will Smith, obra muy atendible, como sus antecesoras) conocido en castellano en la mítica Colección Minotauro (la primera edición, como dije, de 1960). Entre nosotros y en todo el universo de lengua hispana y buena parte del mundo, Minotauro reconoció la categoría de alta literatura a los géneros y subespecies varias de ciencia ficción, fantástico y terror.
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New York desierta. Will Smith en Soy Leyenda |
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Fue una editora creada en 1955 por el también legendario Francisco Porrúa, que divulgó en ediciones sencillas y de bajo costo pero de excelente calidad las obras de maestros de la ciencia ficción, desde Bradbury hasta Ballard, de Ursula K. Le Guin a Olaf Stapledon, y de Theodore Sturgeon y al mismísimo Tolkien, autor del masivo éxito en la pantalla “El señor de los Anillos”. Porrúa, como Zentner, debió irse de la Argentina (en 1975) y se radicó también en Barcelona. En el 2001 vendió la editora a la poderosa Planeta.
Richard Matheson, hijo de noruegos criado en Brooklyn, es hoy un escritor de 84 años en actividad, conocido en el cine norteamericano y la televisión. Muchos de sus relatos son siempre llevados a la pantalla. Stephen King lo considera una de sus influencias centrales y la recordada serie televisiva “La dimensión desconocida” se basó en varios relatos suyos. Hasta un personaje de la serie “Expedientes X” se llama, en su honor, Richard Matheson. |
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El último hombre humano. W. Smith en Soy Leyenda
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| TRILOGÍA DE LO QUE VIENE |
“Soy leyenda” tiene hasta ahora tres versiones en cine. La primera, de 1964, una coproducción con Italia, es una película de clase B de peculiar misterio en clave de tragedia terminal. Su protagonista fue nada menos que Vincent Price, estrella del cine de terror cuyo nombre figura junto a los de Karloff, Lugosi, Lon Chaney, Christopher Lee. “El último hombre sobre la tierra” se tituló y sus planos iniciales de una gran ciudad desierta después de un cataclismo que da lugar a la aparición de zombis, recuerda los planos morosos de Antonioni en “El eclipse” o los paseos de Jeanne Moreau en “La noche”, obras de la misma época aún consideradas de renovación. La segunda traslación al cine es de 1971, con Charlton Heston en el papel del sobreviviente Robert Neville. Se tituló aquí “La última esperanza” (“El hombre Omega”). Es sugestiva (o parece un guiño) la elección de Heston para encarnar al fusilero solitario, dada la condición del actor fallecido como titular de la principal institución norteamericana de defensa de posesión privada de armas para la ciudadanía. Algo así como el fin, también, de los dinosaurios de la guerra, víctimas de su propio medicina.
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“A principios de los años 70, muchos hacíamos de la Argentina una intelección similar a la de Matheson en “Soy leyenda”, aunque más confusa. Creo que varios alrededor nuestro se dieron cuenta o lo sospecharon. Otros, muchos, sobre todo los 30 mil desaparecidos forzados, no lo veían así. La matanza de Ezeiza en junio de 1974 era la prueba que faltaba. No había zombis aunque sí bandas de asesinos asalariados, todavía no en gran número, como los hubo después entre nosotros. Matheson en cambio sabía de qué hablaba: claro, él es el inventor de la teoría.”
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La más reciente versión tiene a Will Smith y su ovejero alemán como protagonistas. El actor afronorteamericano cumple bien su misión y le otorga características adicionales al último hombre “humano” o humanizado sobre el planeta. Cabe destacar que en la última página de la novela Robert Neville decide suicidarse con narcóticos al darse cuenta que se ha convertido en un “anormal”: no encaja ni con los zombis, que se han convertido en la mayoría, es decir, que son los nuevos “normales”, ni entre las patotas blancas de mercenarios pagados para fusilar y clavar picas en plena calle y sin juicio previo a cuanto nuevo habitante terrestre (los nuevos “normales”) aparece.
Matheson lo describe así:
“Los hombres vestidos de oscuro sabían lo que hacían. Había siete vampiros en la calle: seis hombres y una mujer. Los hombres rodearon a los siete, los tomaron por los brazos, y hundieron en los cuerpos las picas afiladas como cuchillos. La sangre corrió por la calle, y los vampiros fueron muriendo, uno a uno. Neville se estremeció. ¿Era esta la nueva sociedad? ¿Y tenían que hacerlo así, con un salvajismo tan ciego como brutal? ¿Por qué venían de noche, cuando era más fácil matarlos de día?
“Apretó los puños. Aquella metódica carnicería no le gustaba. Esos hombres parecían asesinos, y no seres que luchan por su existencia. Hasta había creído advertir una expresión de maligno triunfo en los rostros iluminados por los faros. Eras rostros sin emoción, rostros crueles.
“De pronto Neville recordó. ¿Dónde estaba Ben? Miró a lo largo de la calle, pero no pudo verlo. No quería que matasen a Cortman, comprendió, no quería que lo destruyesen así. Estupefacto, comprendió que sentía más simpatía por los vampiros que por sus ejecutores.”
(“Soy leyenda”), Ed. Minotauro, 1971,p.160)
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Nueva York bajo las aguas
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| Entre 1976 y 1979, años para no olvidar, la novela de Matheson era muy actual entre nosotros. Para mediados de los años 50, cuando la escribió en pleno macarthismo, también lo era para otros. Los años pasan, las buenas narraciones permanecen, sus interpretaciones y alusiones se enriquecen. Ahora, al final de la primera década del 2000, después del 2001, es otra vez el lector –o espectador de cine- quien debe advertir qué actualidad coincidente advierte. |
Por Amílcar Moretti 3 de mayo de 2010
© Amílcar Moretti, 2010
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| (Versión completa y ampliada de la nota original publicada en prensa escrita el domingo 5 de abril del 2010) |
(1) Ver: http://www.tebeosfera.com/1/Documento/Entrevista/Zentner/Jorge.htm
y http://www.jorgezentner.com/
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