la gravedad del pornografo













































 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 





 


DIPUTADOS Y MATRIMONIO GAY-LÉSBICO
SÍ, TIENE RAZÓN, LO COMPRENDO
Y ESTOY DE ACUERDO,
PERO NO!!!


Nuestros legisladores no cayeron del cielo. Son lo que generamos como sociedad y aceptamos y elegimos como ciudadanos. Desde allí a veces se destaca una notable calidad de debate, demasiado infrecuente para el sustento democrático. A muchísimos países les sucede lo mismo. Y de igual modo, muchos de nuestros periodistas, me refiero a laburantes de la literatura periodística, celebran la fiesta de darnos a leer un texto para atender. Es lo que hizo Luis Bruschtein sobre el debate en Diputados del proyecto de ley de matrimonio homosexual.



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Tatu, dúo de cantantes rusas lesbianas
 

Cuando se registra en nuestras cámaras legislativas un debate de respetable nivel político y retórico, de ideas y valores, resulta una sorpresa. No siempre se lamenta ese sobresalto admirable con la gravedad que reclama la preocupante carencia implicada. Desde la reinstalación de la democracia constitucional en 1983, escasas veces se puso en escena dicha calidad de debate parlamentario. Según el relato lúcido y detallado del periodista Luis Bruschtein, columnista político de diario de circulación nacional, ese brillo infrecuente en las argumentaciones de nuestros representantes apareció de nuevo cuando en Diputados se debatió y aprobó con media sanción la ley de matrimonio gay-lésbico.
Que se predique en la popular y en los medios una crítica permanente a diputados y legisladores reconoce, en principio, varias razones tan claras como negadas, muchas de mala leche. Buena parte de la ciudadanía tal vez sólo repita lo leído en los diarios o escuchado y visto en televisión y radio, pero en el caso de esos últimos instrumentos de comunicación y formación del lector-espectador-consumidor hay, sin dudas, una dosis grande de proselitismo “antipolítica”, con intensidad variable según coyunturas. La “antipolítico” encuentra sus raíces en los constantes asaltos e interrupciones militares del orden constitucional en el siglo pasado, que determinaron primero un peligroso desprestigio de la franja política y aún de “lo” político y “la política”. En segundo lugar, dichas alteraciones provocaron una pérdida de memoria, experiencia y transmisión intergeneracional del mejor juego del conflicto en democracia, definido también por los discursos que fundamentan las acciones, y que terminaron por ser rústicos, no convincentes y sin razones válidas, o hasta fraguados y engañosos, en las últimas décadas por el llamado “doble discurso”, es decir, el reino de decir cualquier cosa, acaso porque a nadie le importa demasiado, otro peligro, por supuesto.

 


“Los constantes asaltos e interrupciones militares del orden constitucional en el siglo pasado determinaron primero un peligroso desprestigio de la franja política y aún de “lo” político y “la política”. En segundo lugar, dichas alteraciones provocaron una pérdida de memoria, experiencia y transmisión intergeneracional del mejor juego del conflicto en democracia.”


 

Es claro que la crítica a los dichos y sobre todo al comportamiento y hábitos de nuestros legisladores reconoce motivos y razones comprobadas. Un modelo económico y cultural como el inaugurado por Menem-Cavallo en 1989, continuación del Proceso militar y el “rodrigazo” en tiempos de Isabel Martínez, necesita para funcionar un altísimo potencial de corruptibilidad y corrupción cumplida y realimentada. En ese escenario es “natural” que los legisladores terminen por resultar hombres y mujeres, advenedizos o buscadores de una escalera al “éxito”, de bajo o improvisado nivel intelectual y formación ideológica, con aún inferior promedio ético-moral. Las grandes corporaciones y el modelo de privatizaciones oligopólicas o monopólicas característicos de la “globalización” financiera se basan en una sobreacumulación de capital que tiene a la corrupción del funcionario como requisito imprescindible.
 

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  Además, por igual época la caída del socialismo real y la desilusión sobre “ideologías y utopías” ubicaron en primer término el concepto de “eficiencia”, referido más que nada a lo mercantil y el dinero rápido. Eficiente pasó a ser el que más rápido produce mucho dinero. Y allí entra el “no importa cómo”. A más predominio por sobre la política de los economistas y de la economía (capitalista) más degradación de los políticos y la política.
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Boda lesbiana en Buenos Aires. De http.momento24.com,2010
La corrupción puede ser una debilidad del humano pero no es constitutiva de la democracia, sino del capital, y en consecuencia, en todo caso, un aditamento riesgoso –aunque contenible- de la “democracia burguesa”.
No obstante, uno de los más crudos argumentos para “explicar” lo desventajado y a veces insignificante de muchos diputados y senadores es que son votados por el 90 por ciento de la ciudadanía. Es decir que resultan nuestros representantes porque son, en una medida aún no estudiada como se merece, representación clara y denunciatoria de la cultura política, intelectual y moral del ciudadano medio, incluida la cuota de rutina, estupidez e indiferencia al momento de calibrar el acto crucial de sufragar. Pocos pueden decirse del todo “irresponsables” de haber aceptado en las boletas, aunque no se los votase, a figuras como Bussi, De Narváez, Palito Ortega, Patti, Pinky, Cherutti o bien Reutemann en razón de haber sido paquete corredor de autos y hoy sojero, por mencionar sólo a pocos de los últimos de esa categoría que ocuparon u ocupan funciones. Mucho menos puede asegurarse que se sale indemne de tal decisión.

 


Las grandes corporaciones y el modelo de privatizaciones oligopólicas o monopólicas característicos de la “globalización” financiera se basan en una sobreacumulación de capital que tiene
a la corrupción del funcionario como requisito imprescindible.”


 

En su elogiable crónica y relato de opinión publicado el sábado 8 de mayo pasado, el brillante trabajador de la escritura periodística que es Luis Bruschtein (a quien conozco sólo por lectura) destaca un aspecto central de la cultura política de los diputados, o mejor, de la cultura política y axiología de nuestra sociedad. Tras reiterar la calidad del debate, en que también se escucharon –no podía ser de otra forma- gazmoñerías, atrasos emocionales y oscurantismos inquietantes, Bruschtein subraya con lucidez la contradicción de muchos de los oradores, quienes se sintieron obligados a opinar como progresistas y avanzados en sus ideas, “modernizantes”, por así decirlo, a favor o comprensión del reclamo de unión legal homosexual, pero que al momento de votar, para estupor, indignación o risa de los testigos, se abstuvieron o lo hicieron en contra del matrimonio de personas del mismo sexo. Bruschtein lo describe con una inteligencia que no necesita de su enjuiciamiento explícito, como sólo los que bien escriben saben hacerlo “El resultado fue que la mayoría de las exposiciones, tanto de los que estaban a favor, como de los que estaban en contra del matrimonio gay, era de lo más progre. Y la sociedad argentina no es tan progre como eso”. Y agrega: “…en general no hubo discursos santurrones y todos daban a entender que tenían un amigo homosexual”. “Tanta corrección política en los discursos resultó empalagosa cuando después se verificó en la votación que había mucho de pose. Por algún motivo sociológico profundo, en temas sexuales nadie quiere parecer antiguo.”

Por AMILCAR MORETTI, 18 de mayo de 2010


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Pareja argentina. De www.infobae.com

El país
Panorama político
Sexo en el Congreso
Por Luis Bruschtein



El debate sobre el matrimonio gay en Diputados fue tan bueno que parecía que todos estaban de acuerdo. Pero el paraíso argentino es más falso que moneda de tres pesos: todos estaban de acuerdo, pero al final los que votaron en contra, o se abstuvieron, fueron muchos más de lo que aparentaban. El resultado fue muy parejo y más coherente con la sociedad. Elisa Carrió dijo, por ejemplo, que estaba de acuerdo de “pe a pa” desde el punto de vista de los derechos. Hizo todo el discurso alrededor de ese tema, pero al final anunció que se abstenía porque la Iglesia no estaba de acuerdo. “No puedo dejar fuera de este debate a la religión”, arengó y se abstuvo como si lo que había dicho sobre la igualdad de derechos fuera sacrilegio. Como fue sacrilegio alguna vez decir que la Tierra era redonda o cuestionar la Inquisición. Su voto puso en tela de juicio su inteligencia.


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Alex Freyre y J.M. Di Bello, matrimonio en Bs. As. De www.insurrectasypunto.org
 


Cynthia Hotton, la diputada que entró con el PRO y va en tránsito al cobismo, ha sido la portaestandarte religiosa en temas de género, familia o minorías sexuales. Hotton dijo lo que pensaba y votó en contra. Habría que ver si hubiera votado después por la unión civil, como anunció que haría la mayoría de los que votaron contra el matrimonio. Pero al menos fue clara y trató de ser respetuosa, aunque su posición no lo fuera. Gabriela Michetti no estaba en el recinto, pero decidió ingresar cuando
sorpresivamente todos los discursos sonaban a un progresismo increíble. Explicó que había decidido seguir la sesión desde su oficina porque estaba mal de salud pero que había cambiado de idea. Sentenció que en la República había que separar la religión del Estado y en la discusión de ese tema también. Hizo un discurso progre y después dijo que iba a votar en contra. La mayoría de los que votaban en contra aseguraban que, si se rechazaba el matrimonio, votarían por la propuesta de unión civil, con la que tampoco está de acuerdo la Iglesia Católica. Los números estaban jugados, así que decir eso era gratis. El mismo cardenal Jorge Bergoglio había aconsejado votar por la unión civil, que pese a mejorar la situación de las parejas gay, es por sí misma una institución discriminatoria. Michetti y Carrió son amigas del cardenal y en general se alinean con la Iglesia en estos temas. La diferencia en este debate fue que Carrió lo reconoció en su discurso contraprofético y Michetti no.
El resultado fue que la mayoría de las exposiciones, tanto de los que estaban a favor, como de los que estaban en contra del matrimonio gay, eran de lo más progre. Y la sociedad argentina no es tan progre como eso. Hubo algunos fuera de la regla. Hotton aseguró que la habían amenazado de muerte, el peronista disidente Raúl Merlo evaluó que “no es justo tratar lo desigual como igual” y su compañera puntana Ivana Bianchi se enojó porque “los progres hablan de la sexualidad como placer”(¿?). El discurso real de los que se oponen a la igualdad de derechos para las minorías sexuales es burdo cuando se lo plantea en forma tan abierta. Es un eco del enano fascista que cada quien lleva dentro, así que es fácil de identificar y de descartar, por eso es un discurso que no sirve en política.


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  Con estas excepciones, que tuvieron el mérito de no ser hipócritas aunque sí cavernícolas, en general no hubo discursos santurrones y todos daban a entender que tenían un amigo homosexual. Había público para todos los gustos. En los palcos más altos estaba la barra antigay de la Iglesia y en los de más abajo había un cartel –entre otros más poéticos con el arco iris– que rezaba: “Los putos peronistas”.
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Men 2, de lobbiaz Blog Wordpress.com, dic. 2009
En otras épocas esa consigna se hubiera entendido como una agresión gorila. Pero no, eran peronistas que venían a apoyar.
Tanta corrección política en los discursos resultó empalagosa cuando después se verificó en la votación que había mucho de pose. Por algún motivo sociológico profundo, en temas sexuales nadie quiere parecer antiguo. Hay que tener convicción para ser mujer y enfurecerse con los que ven al sexo como placer. Soltera en puertas o al borde de una cantidad de bromas políticamente incorrectas. Después de todo, los progre sostienen que cada quien tiene derecho a elegir la opción sexual que le parezca, incluso esa, que la instala, además, como parte de una minoría sexual con los mismos derechos que las otras.
Los bloques de Nuevo Encuentro, GEN, socialistas y Proyecto Sur fueron los únicos que votaron sin deserciones a favor del matrimonio gay. Los demás dejaron en libertad de acción a sus miembros. La gran mayoría del PRO y del peronismo disidente votó en contra. También fueron más los radicales que votaron en contra que los que respaldaron la iniciativa. Y en el caso del oficialismo, las dos terceras partes votaron a favor, incluyendo al ex presidente Néstor Kirchner, que asistió especialmente a la sesión.

 


Pareja lesbiana en la calle


Promoción de turismo gay


Pareja lesbiana en la calle. A Patricia


En una sociedad como la argentina, que todavía no es tan abierta para las minorías sexuales, el tono de los discursos dejaba cierta sensación a hipocresía. Lo suficiente como para preguntarse hasta qué punto los que impulsaron la unión civil creen realmente en lo que afirmaron o si solamente lo hicieron para oponerse con más eficacia a la figura del matrimonio que representa la mejor manera de equiparar derechos. Si la sociedad argentina fuera tan abierta como daban la impresión esos diputados, el discurso del socialista Ricardo Cuccovillo, que habló en defensa de los derechos de uno de sus hijos, que es gay, no hubiera generado tanta conmoción.
Fue una sesión donde ya se sabía el resultado positivo. También se presuponía que ese resultado será frenado en la Cámara alta. Tampoco tenía el condimento envenenado de la disputa con el Gobierno. Por el contrario, la iniciativa presentada por socialistas y Nuevo Encuentro tuvo rápidamente el respaldo de Kirchner y la mayoría de sus legisladores. Y sin embargo, la sesión fue larguísima. Todo el mundo quiso dejar sentada su posición. El mismo Cuccovillo dijo que él no pensaba intervenir y que pidió la palabra después de escuchar otras exposiciones. Más allá de la piel curtida de los legisladores y de las estrategias laberínticas de los bloques y a pesar, incluso, del tono hipócrita de muchos discursos,
la sensación fue que se estaba tratando un tema importante, que allí estaban en juego los derechos de muchos seres humanos, a partir de situaciones constatables para cualquiera en miles de situaciones de la vida cotidiana.


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Room in Rome, película de Julio Medem.Escena con Natasha Yarovenko y Elena Anaya
 

En ese sentido, el debate sobre el matrimonio gay ha sido uno de los mejores que se dio en el Parlamento. Es como si la sociedad escuchara en voz alta sus discusiones solitarias, sus rumores y cuchicheos. Son injusticias que se discuten todo el tiempo en todos lados, que inquietan, preocupan, afectan y problematizan y que pocas veces llegan al Congreso. Y hasta es bueno que se escuche cómo suenan a voz en cuello muchas de las barrabasadas y santurronerías que se dicen en esos runrunes. Empezó como un tema menor –a muchos políticos les resulta difícil valorarlo y piensan que hasta puede ser piantavotos– y creció hasta tomar la envergadura que realmente tiene. Esa fue la sensación que dejó el debate y sería la forma de explicar el afán de tantos diputados por anotarse en la lista de oradores.
En muchas de las exposiciones había una necesidad forzada por introducir lo religioso. Y aparecía el tema con una crueldad inusitada. Lo religioso como lo estigmatizante, como una especie de verdugo al que se respeta por temor. Impulsada por los dos últimos papas, la Iglesia Católica interviene en este tipo de temas al estilo de una policía medieval. En España, la diputada Mercedes Aroz, antigua comunista catalana y actual dirigente del socialismo, se convirtió al catolicismo repentinamente en el 2005 y renunció a sus cargos partidarios. No renegó, por lo menos en público, de sus principios. A lo único que anunció que se opondría fue al matrimonio gay. El único pecado de una ex atea comunista había sido apoyar el matrimonio gay y toda la contrición del descubrimiento de la religiosidad pasaba por allí. Con todo respeto, suena ridículo. La Iglesia Católica se esfuerza por introducir lo religioso en una problemática que es típica de las limitaciones humanas. Y lo hace para reforzar esas limitaciones –que en este caso crean injusticias– y no para ayudar a superarlas.

(http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-145345-2010-05-08.html)
(Los destacados o resaltados no figuran en el original y fueron realizados por el autor de esta página web)


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De Magnus Magnusson, fotógrafo sueco
 

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