la gravedad del pornografo
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 








































 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 









 


Ficción
Apocalipsis con celulares


¡GUARDA!: ¡SE VIENE
LA NUEVA EDAD MEDIA! 
Debajo del ensoñamiento del vértigo de las nuevas tecnologías persiste una indefinida incertidumbre sobre sus consecuencias en el hombre. Se advierten indicios de un retorno a religiosidades medievales y la posible desaparición de la clásica distinción
entre cultura y naturaleza, propia del pensamiento crítico de Occidente.

¿Y si el objetivo programado o la consecuencia insospechada del aceleramiento de las nuevas tecnologías derivan en una nueva Edad Media? No es descabellado conjeturar que así esté planificado a 30 o 40 años, para sostener el ciclo de acumulación de capital en las actuales circunstancias mundiales y asegurar la estabilidad del nuevo capitalismo, llamado capitalismo tardío o tecnocapitalismo financiero multinacional. El capitalismo como imperio sin centro implicaría un retroceso o reversión de la era moderna y la restauración de condiciones similares a las anteriores al Renacimiento y la Revolución Francesa, tachonado de nichos sociales urbanos ultratecnologizados comparables a castillos medievales (pero) cibernéticos. Los countries amurallados con sus guardias privados de seguridad pueden ser tomados hoy como ensayos de dicha involución.
 
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FOTOGRAFÍA
The New American Family and the Perfect Purchase, 2007,
de Jeffery Scott

No sólo por obra de la infotecnología con la web a la cabeza, a la que se suma la nanotecnología y la electrónica toda, podrían desembocar en este estadio regresivo, sino también por derivación de sorprendentes biotecnologías y la genómica aplicadas al humano y a especies animales y vegetales. Las neurociencias y su intervención en la conciencia a través del cerebro como máquina y la robótica que sustituye al cuerpo humano constituyen con las anteriores un universo cultural fascinante y temible.
La elite del poder económico mundial-global sustentaría también su medievalismo supratecnológico en la creciente e inexorable contaminación ambiental mundial y el consiguiente cambio climático, a los que añadirían las epidemias (pestes antiguas o nuevas por guerra biológica) y revueltas sociales y regionales que diezmarían la población mundial, con un catastrófico descenso de la natalidad y de las posibilidades de supervivencia de los recién nacidos. En complemento, según prácticas cada vez más instaladas, podrían direccionarse la genética y las técnicas de reproducción en laboratorio hacia nuevas eugenesia y eutanasia a favor de grupos y rasgos de la especie humana para convertirlos en hegemónicos o “superiores”. La contracara  sería el incremento, ya en marcha, de la degradación de otros nutridos grupos considerados “inferiores”, hoy afectados  al estar congelados en capas de centenares de millones de individuos disminuidos por desnutrición y abandono, inclusive en nuestro país -de gran producción alimentaria- que atraviesa una tercera generación de discapacitados por esas razones subsanables. Estas políticas poblacionales conducirían a la conformación de mega o microlópolis para privilegiados y expertos en tecnologías y ordenamientos socio-genéticos y genética demográfica, con nuevas pautas políticas, autoritarias y verticales absorbidas con concentrados e inimaginables lujos de consumo.


 

“Los countries amurallados con sus guardias privados de seguridad pueden ser tomados hoy como ensayos de una involución hacia una nueva y supertecnologizada Edad Media.”

 
 

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  FOTOGRAFÍA
Andrey Starchenko,
Moscú, 2009

MEDIEVALISMO CIBERNÉTICO

La ciencia ficción, en el cine, y antes la literatura, han referido detalles de este futuro no muy lejano. Estas imaginerías anticipatorias, muchas de base real, en la práctica actuaron para el poder como una forma de “acostumbramiento” de la mayoría a un resignado y hedonista fatalismo, con urgencia compulsiva de simulacros de distraimiento para “gozar” el presente y desresponsabilizarse del futuro conjeturable y prevenible. Por citar sólo algunas, hace ya 35 años la primera “Rollerball” mostró un “mundo feliz” de minorías donde una corporación en las sombras maneja un mundo-ciudad donde las comodidades tecnológicas impiden toda humanización o reconocimiento humano (esto es, subjetividad libre y angustiada), al tiempo que las distracciones son una actualización de las del antiguo circo romano con leones y cristianos. Este mismo circo se repite en “Inteligencia artificial” de Steven Spielberg, en las que los cyborgs obsoletos son canibalizados como cristianos primitivos, con el dato significativo que la máquina parece más “humana” que los humanos. En paralelo se ubica la primera “Mad Max” (1979), donde los restos de humanidad laboriosa organizada supervive en campamentos similares a Troya dos milenios antes de nuestra era, pero en una combinación híbrida de restos de modernidad y artefactos reconstruidos según modelos precios a la revolución industrial del siglo XVIII.

 

“Según prácticas cada vez más instaladas, podrían direccionarse la genética y las técnicas de reproducción en laboratorio hacia nuevas eugenesia y eutanasia a favor de grupos y rasgos de la especie humana para convertirlos en hegemónicos o “superiores”.”

 


La sexualidad misma, como placer creativo, y no sólo como reproducción biológica, perdería sentido y sería olvidada, o reprimida hasta su ignorancia completa. La sexualidad gozante implica arbitrio en la decisión, compromiso emocional y responsabilidad, con su carga de neurosis y angustia pero, al mismo tiempo, con un altísimo contenido de libertad, concepto que aunque circunscrito aquí a la esfera individual y privada no ha dejado nunca de suscitar inquietud en las corporaciones dogmáticas religiosas y en las multinacionales de producción mundial seriada. La libertad, así como lo neurótico como concepto y la angustia misma como “precios” de la cultura, serían eliminadas. Reprimidas y, si prefiere, tapadas por la generación de los fármacos de las neurociencias.

 

“El humano devendría en robot no deseante de otra cosa que ser una mercancía eficiente en medio de comodidades y lujos. Es más, carecería de deseo, propio del humano en cultura, a cambio de un “destino” (software) programado.”

 


El humano devendría robot no deseante de otra cosa que ser una mercancía eficiente en medio de comodidades y lujos. Es más, carecería de deseo, propio del humano en cultura, a cambio de un “destino” (software) programado. Los trabajos estarían a cargo de robots o cyborgs electrobiológicos, cada uno en su especialidad, siempre más seguros que un esclavo humano, dado a la disconformidad y la rebelión. No haría falta mano de obra humana, menos aún masiva o en extensión. Esta cuestión de las nuevas sexualidades reproductiva o recreativa gestionadas por la mediación neotecnológica, más los nuevos dilemas éticos y morales, así como judiciales y penales, que ha de acarrear la intervención del hombre para modificar las leyes de la naturaleza a través de la genómica y la robótica, puede leerse con claridad también en “Inteligencia artificial” y “Sentencia previa”, el segundo asimismo de Spielberg.
En “El hombre bicentenario” (1999), una anticipación que puede considerarse todavía optimista, o en “Blade Runner” (1982), los cyborg llegan a ser tan “perfectos” que descubren el deseo, ejercen su voluntad de acceder a la imperfecta condición humana, es decir, a la de sentir y amar y tener sexo gozante, y abandonar su condición de robot para ser humanos padecientes en busca del goce incompleto. En “Blade Runner”, Roy -el replicante (que replica al humano) interpretado por Rutger Hauer- cae en una angustiosa meditación sobre la memoria y el universo al lamentarse, antes de ser destruido, porque con él han perderse experiencias alucinantes e imágenes asombrosas almacenadas en su disco rígido mental. Con su desaparición se perderá algo humano fundamental: la memoria. Sabe que su destrucción es semejante a la quema de la biblioteca de Alejandría. Como alerta Ray Bradbury en su siempre vigente, desde hace 50 años, “Fahrenheit 451”, donde los libros deben ser quemados por el riesgo que encierran de la siempre latente reflexión crítica y memoria humana, un retroceso incinerador aceptado mediante el soborno del lujo, el alto consumo, la supratecnologización de la vida cotidiana y la obediencia al costo de la renuncia a cualquier individualidad en el habitante común, objeto de una sociedad ordenada y regimentada por una elite nunca visible. La orgía en “Ojos bien cerrados” (1999), la última de Stanley Kubrick, es alegoría de ese soborno y de dicha invisibilidad.


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  FOTOGRAFÍA
Ozzfest 2006, Kid Rawk.
De Kelsey Winterkorn, San Francisco

LA CIENCIA  YA NO PELEA CON DIOS

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  FOTOGRAFÍA
The Manifestation of Mutations brought about by the Acceptance of self Destruction, 2006, de Jeffery Scott
Al contrario del lugar común o lo repetido por el vulgo televisivo (que no distingue escalas sociales) cabe conjeturar un resurgimiento de la religión, en sus modos ritual-burocráticos o fundamentalista. No advendría tanto como un resurgimiento de la religiosidad como necesidad vital ante el fracaso y el nihilismo generado por las ciencias duras convertidas en tecnologías, sino como producto ineludible, previsible y planificado de la combinación de intereses de las elites político-económicas y las jerarquías religiosas, siempre muy vinculados en la historia.
Es anacrónico suponer aún que entre ciencias duras y jerarquías eclesiásticas mundiales –al menos las del Occidente capitalista- exista una confrontación oscurantista medievalista, a la manera de la Inquisición contra Galileo. Este esquema de interpretación pertenece a otro momento, ya pasado, del capitalismo. Quizás pueda ubicarse el corte definitivo en 1989, cuando cae el Muro de Berlín. Se confirma el cierre de la Modernidad: llega a su fin la era iniciada en el Renacimiento florentino y la Revolución parisina de 1789.

Tras el fracaso de la experiencia utópica socialista, autodestruida por la desvirtuación interna de ideales y cercada por deformaciones del afuera capitalista, pareció evidente que la razón había desbordado en tragedia y genocidio y que el proyecto humanista con el hombre como centro para interpretar el universo derivó en una desvirtuación final contraria a lo propuesto en su inicio.Las ideas de progreso y de humanismo quedaron seriamente cuestionadas, sino se dan ya por invalidadas. El Iluminismo del siglo XVIII, el Renacimiento mismo, entraron en cuestionamiento, abandono o escepticismo.

        
 

“Un “mundo feliz” de minorías donde una corporación en las sombras maneja un mundo-ciudad donde las comodidades tecnológicas impiden toda humanización o reconocimiento humano (esto es, subjetividad libre y angustiada), al tiempo que las distracciones son una actualización de las del antiguo circo romano con leones y cristianos.”

 

Las religiones institucionalizas monoteístas, de diferentes formas, con procedimientos diferenciados según su poder, territorio, volumen de feligresía, historia y estadio actual, dejaron de lado su desconfianza o persecución de las ciencias duras. Al quedar desautorizado por largo tiempo el socialismo a causa de su trágica experiencia real, se disipó el riesgo cierto para la religión dogmática y corporativa. El socialismo como creencia o disciplina de pensamiento, en su forma humanista laica, se abrogó a sí mismo como reemplazo en la esfera originaria de la religión, que abarca aspectos inasibles del ser humano vinculados con su finitud, sus miedos ancestrales y su ansia de trascendencia en una esfera garantía de perennidad. El socialismo aplicado fracasó al convertirse en religión, en dogma.

LA RELIGIÓN MATÓ A DIOS

Desaparecido el socialismo como competencia, las ciencias duras tecnocráticas pudieron aplicarse de lleno al mercado y a la acumulación de capital en esta etapa de financiarización y supratecnologización global. La ciencia dejó de ser pensamiento y reflexión crítica con ideales éticos para pasar a convertirse en labor de expertos segmentados en especializaciones al servicio del mercado regido por el capital sin regulaciones ni control. El capital y el mercado alcanzan niveles de “orden absoluto”. En este proceso tecnocrático de mercado la religión dogmática corporativa, el monoteísmo, vuelve a asentarse en un espacio propio y seguro en el “espíritu humano”.


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Machinery, Freedon,
and Visual Literature, 2099, de Jeffery Scott, California

Todo esto, claro, dentro de un contexto distinto al medieval  del 500 al 1300. Como la religiosidad constitutiva del humano ha sido encuadrada en organizaciones de poder con prácticas políticas vinculadas a intereses terrenales, grandes sectores de la humanidad hace al menos dos siglos comenzaron a sentir que la “religión” no los amparaba, no los reconfortaban. Esto empieza a hacerse evidente en la Revolución Industrial. Nietzsche toma nota sobre esto (la “muerte de Dios”) y más que alegrarse parece advertir sobre que el propio cristianismo es el que atentaba contra la religiosidad. Que el cristianismo terrenal aliado y paralelo al desarrollo del capitalismo moderno industrial iba camino hacia el nihilismo, lo agnóstico y, más que al ateísmo, hacia un peligroso descreimiento misántropo y desencantado, cerca del vacío. En esto último hay una de las bases condicionantes del nazismo y de la utopía marxista convertida en gulag estalinista.
Si se redirecciona la necesidad primigenia de religiosidad y se licua la filosofía como pensamiento crítico que dilucida la esencia e historicidad de las cosas y los asuntos humanos, algo central comienza a fallar, a no ofrecer respuestas amparadoras creíbles y hace insoportable la fisura, el vacío circundante, la incompletud. La religión aumenta su espacio pero para restaurar sus fueros no primigenios sino medievales, los que tuvo entre el 500 y el 1300. Este territorio teocrático de mercado se recupera a través del desasosiego colectivo globalizado y el fundamentalismo religioso, es decir, a través del dogma cerrado aplicado con terrores persecutorios y miedos reales, con violencia y autoritarismo, con diferentes grados de belicismo, o bien con las “pacíficas” guerras culturales que, a través de las nuevas tecnologías mediáticas, permiten consensos aún en las mismas mayorías afectadas por el orden que desfondó el sentido de las religiones más difundidas.


LA ACRÓPOLIS Y LOS ZOMBIES

En este aspecto, la barbarie no es sólo la de los fanatismos  musulmanes anticonsumistas occidentales sino también el de los fundamentalitas de la expansión del mercado. Cada religión lo hace a su manera según su crecimiento económico, modernización tecnológica, tradiciones y estadio cultural. El fundamentalismo musulmán, por añadidura, otorga al integrismo cristiano el argumento de que la barbarie religiosa corresponde al oscurantismo represivo de los seguidores de Mahoma, asociados al atraso. Mientras, el cristianismo unido a la modernización tecnológica se ofrece como asociación que asegura el “progreso” terreno en libertad y la eternidad del cielo sin grandes sacrificios. El progreso es confundido con consumo y la libertad con comodidad, en tanto que la eternidad tiene que ver con la anulación de cualquier atisbo de pensamiento y duda críticos que permitan asomar la angustia creativa propia del hombre desde que se irguió, fue expulsado del paraíso y comenzó a pensar, con incertidumbre, en cómo sobrevivir.

 

“El territorio teocrático de mercado se recupera a través del desasosiego colectivo globalizado y el fundamentalismo religioso, es decir, a través del dogma cerrado aplicado con terrores persecutorios y miedos reales, con violencia y autoritarismo, con diferentes grados de belicismo, o bien con las “pacíficas” guerras culturales a través de las nuevas tecnologías mediáticas.”

 

Es posible imaginar en este punto la posibilidad de un retorno a una agiornada Edad Media pero supratecnologizada. Este capitalismo tecnotrónico o turbocapitalismo constituiría nuevas acrópolis tipo Dubai 2009 cercadas por masas hambrientas y vociferantes, con peligro de rebeliones masivas, ya  anunciadas en Europa del oeste (desde la caída de la Unión Soviética) por las hasta ahora pacíficas corrientes masivas inmigratorias provenientes de los territorios saqueados, degradados e indefensos de África, Asia y América, arrasados en lo ambiental y diezmados por ciclos de esclavitud,  colonialismo y capitalismo salvaje.


EL ENEMIGO NO ES MARX


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  FOTOGRAFÍA
The Tempers Photo, 2007, de www.hexistenz.com

El enemigo hoy no es Marx. Lo saben las elites intelectuales del capitalismo tecnotrónico transnacionalizado. Sólo los grupos activados con el modelo de los rígidos términos binarios de la antigua Guerra Fría pueden argumentar que “Marx es el peligro”, aunque es dudosa su sinceridad. En todo caso, acusan de “neomarxistas” a cualquier derivación de pensamiento crítico al congelado orden “natural” que defienden. Esta sí es una vieja confrontación que persiste y renace. Pero es anterior a Marx. Es la confrontación del “catolicismo real y blindado” sostenida desde la persecución medieval de los herejes hasta su oposición a la Ilustración y la Revolución Francesa.

Por añadidura, Marx, y mucho más los marxistas y sus repetidores, no han podido saldar aún la subestimación de la técnica y las tecnologías, y adeudan su comprensión integral, lo cual abona la inadecuación aún del marxismo para aplicarse como alternativa en esta etapa civilizatoria. La determinante y fabulosa incidencia en lo económico y político que la ciencia aplicada a la renovación incesante de tecnologías acarreó para la modernidad, no fue nunca encarada a fondo por los más lúcidos herederos de Marx. Sí en cambio lo hizo el pensamiento, utilitario en lo básico, del más desarrollado capitalismo, en una retroalimentación constante entre tecnología y capital.

 

“Este capitalismo tecnotrónico o turbocapitalismo constituiría nuevas acrópolis tipo Dubai 2009 cercadas por masa hambrientas y vociferantes, con peligro de rebeliones masivas, ya  anunciadas en Europa del oeste (desde la caída de la Unión Soviética) por las hasta ahora pacíficas corrientes inmigratorias provenientes de los territorios saqueados, degradados e indefensos de África, Asia y América.”

 


No significa que Marx haya quedado definitivamente invalidado tras la derrota del primer socialismo real aplicado; en todo caso fallaron algunas de sus presunciones. En última instancia, no falló Marx sino los marxistas. En términos de historia de la filosofía: por ahora se impuso Empédocles sobre Heráclito. El análisis de Marx sobre el funcionamiento del capital continúa intacto en su verdad central, y es fuente de consulta de los expertos teóricos del capitalismo. También sigue intacta su dialéctica de la historia, y es imaginable que funcione en la interpretación de la naturaleza, sólo que cambiaron los términos de oposición dialéctica, digamos, “las tesis y las antítesis”. Es lo complejo de la complejidad, el rizoma. Esto no ha sido abordado en profundidad por la herencia de Marx.

 
“El intento, por ahora, es la formación de un sentido común cultural religioso que canalice los posibles desbordes de la protesta social politizada. El modelo es semejante al mostrado en una película, la primera “Terminator” (1984). Los humanos sobrevivientes y su nuevo Mesías son resistentes guerrilleros que viven en catacumbas y en la superficie luchan contra robots ultrasofisticados de una elite de poder invisible. La serie “Matrix” en buena medida responde a similar interpretación del futuro.”

 

EL ESPACIO VACÍO

Es previsible que el espacio lo ocupen las religiones corporativas. De hecho, las proyecciones conjeturan un notable aumento de las feligresías en los próximos 40 años (“El Atlas de las Religiones”, Le Monde edición Cono sur, 2009), con la duplicación del islamismo y la hegemonía del catolicismo, al que acompañarán evangélicos, de fuerte crecimiento, y protestantes, según las tendencias actuales. Esto, se calcula, ocurrirá sobre todo en los continentes pobres más poblados y de mayores recursos naturales, América Latina en primer lugar. En cambio, Nietzsche tuvo razón con la “muerte de Dios” en Europa, donde continuará el decrecimiento del monoteísmo cristiano.

 
“Si hay gente que con criterio crítico piensa sobre la desaparición de la naturaleza “natural” con motivo de las intervenciones del hombre, es posible entonces que, desde tiempo antes, el poder tenga en cuenta la posibilidad, si es que no está planificada, que se diluya la distinción entre naturaleza y cultura por obra de las nuevas biotecnologías.”

 


La penetración en el subcontinente austral americano es considerada prioritaria, dirigida a operar como sucedáneo de la politización renacida desde el 2000 en excepcionalidad mundial, y ha de servir de contención y disciplinamiento cultural  de las crecientes masas de desheredados y excluidos generadas por el concentrado capitalismo tecnocrático. No es nuevo en la historia de occidente: las cruzadas hacia el mundo musulmán desde el siglo XI fueron conformadas, al principio, por turbas de hambrientos, mujeres, niños y hombres que en lugar de continuar con sus rebeliones en sus territorios feudales se alienaron en el saqueo de los pueblos invadidos, incluso cristianos. Esto se puede lograr sólo por medio de una despolitización profunda y extendida, que genere masivos miedo y desaliento, sentimientos en paralelo a los temores de despojo de los grupos privilegiados, junto a una revigorizada ola colectiva de represión violenta.

El intento, por ahora, es la formación de un sentido común cultural religioso que canalice los posibles desbordes de la protesta social politizada. El modelo es semejante al mostrado en una película, la primera “Terminator” (1984). Los humanos sobrevivientes y su nuevo Mesías son resistentes guerrilleros que viven en catacumbas y en la superficie luchan contra robots ultrasofisticados de una elite de poder invisible. La serie “Matrix” en buena medida responde a similar interpretación del futuro. Las más recientes “Niños del hombre” y “Distrito 9” hablan claro sobre la etapa previa o inmediata posterior a la instalación mundial hegemónica del turbocapitalismo, una suerte de apocalipsis. La australiana “Distrito 9” describe futuros procesos de represión y concentracionarios planificados por el nazismo en su primera vez. “Niños del hombre”, a base de un libro de una escritora cristiana, P.D. James, refiere a un apocalipsis de guerrillas y sublevaciones anárquicas durante las cuales se aguarda, otra vez como en “Matrix”, un nuevo mesías, o un renacimiento del ser humano, un Nuevo Hombre, no ya el  prometido por Ernesto Guevara sino el anunciado dos mil años antes por el cristianismo. Aunque es significativo que esta vez el mesías tenga algo del Che.


MILENARISMO Y CULTURA


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  FOTOGRAFÍA
My real family, Minister C Photos, Portland, Oregon, 2009,
de Nicole Sanders, Makeup Artist

No es tampoco la primera vez que, ante grandes cambios de época, con certidumbres desvanecidas y incertidumbres sobre el porvenir, el humano se plantea miedos y terrores milenaristas, anuncios del Fin del Mundo, hoy con considerables fundamentos observada la persistencia y crecimiento de un sistema productivo y tecnológico generador de peligrosos e irreversibles desequilibrios en el medio natural del planeta. Ya hay quien imagina, o ha advertido, lo que podría estar en marcha: la desaparición de la división, rígida hasta ahora en Occidente, entre naturaleza y cultura. Si hay gente que desde un criterio crítico piensa sobre esto, es posible entonces que, desde tiempo antes, el punto de vista del poder tenga en cuenta la posibilidad, si es que no está planificada, de que la distinción entre naturaleza y cultura se diluya con las nuevas biotecnologías.

La mutación de laboratorio o la imprevisible por contaminación ambiental, más la genómica y la robótica constituyen intervenciones del hombre (la cultura) en la naturaleza, que han de convertir a la misma en otro producto del hombre y su cultura. Al no haber naturaleza “natural” no habría tampoco “cultura” como dialéctica de pensamiento. Esto, es obvio, lo atisban las religiones, el islamismo con una reacción negacionista y de rechazo bélico, y el cristianismo católico con una readaptación para no perder espacio si las objeciones interpuestas en algunas áreas no dan resultado, según se ve hasta hoy. Es interesante el detalle de algunas de las políticas de Vaticano, que ha regresionado a un reforzamiento del dogma no ya anterior a 1960 sino casi al siglo XIX. Por ejemplo, parece haber más persistencia y decisión de oponerse al antiguo uso del preservativo que al aceleramiento de las novedades tecnológicas, tan prodigiosas como de impensadas y riesgosas consecuencias en su manipulación de la naturaleza. Cabe reiterar que el sexo lúdico o recreativo asegura en un plano muy íntimo la libertad individual frente a cualquier dominación externa, en tanto que las info, bio y nano tecnologías bien pueden reforzar el poder, el control y la discriminación. La ficción de “Frankenstein”, a comienzos del siglo XIX, conserva al parecer valor profético en su temerosa reflexión. El mito de Prometeo, o bien los de Sísifo o Tántalo parecen haberlo imaginado como contenido esencial de la cultura llamada occidental desde sus inicios.

 
“La paranoia quizás constituya el núcleo del último modelo de cultura capitalista que necesita del círculo persecutorio para autorreproducirse y realimentarse a efectos de incrementar sin fin el poder y las ganancias en renovadas condiciones históricas, en buena medida provocadas por ese mismo sistema.”

 

Ante esto, las percepciones paranoicas están a la orden del día. En realidad, es probable que la paranoia, estimulada desde lo mediático infotecnológico mediante diversos y cambiantes miedos, inventados, reales o exagerados, repito, la paranoia quizás constituya el núcleo del último modelo de cultura capitalista que necesita del círculo persecutorio para autorreproducirse y realimentarse a efectos de incrementar sin fin el poder y las ganancias en renovadas condiciones históricas, en buena medida provocadas por ese mismo sistema. El constante desarrollo tecnológico parece constitutivo del hombre como especie hecha cultura a través del lenguaje. El capitalismo basó gran parte de su perdurabilidad en esa característica. En muchos momentos ha generado fabulosos cambios de época, poco antes impensados. La reacción ludita (de Ned Ludd) de romper las máquinas es sólo una primera oposición ineficaz e ingenua ante lo indetenible. Lo mismo sucede con las indignaciones moralizantes, con el añadido de que en ocasiones son la cobertura de apoyos implícitos a los cambios, por injustos que sean. El llamado descubrimiento de América, el primer gran genocidio de la historia, cambió el planeta entero. Los apocalipsis anunciados por los sucesivos milenarismos pueden ser atendibles en algún aspecto, pero lo que cabe es la apelación a lo prometeico, lo tantálico y la perseverancia de Sísifo, que desgarran sus entrañas, se aventuran a quemar ilusiones y se condenan al eterno comenzar. La elección por la conciencia crítica es lo único que garantiza la posibilidad de libertad en el humano para seguir siendo humano, y no sólo naturaleza intervenida.

Por Amílcar Moretti
© Amílcar Moretti, 2010

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