la gravedad del pornografo
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 








































 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 









 


¿CATÁSTROFE NATURAL O GENOCIDIO?

La utopía de internet
“falló” en Haití 
Las Nuevas Tecnologías de Comunicación parecen no haber servido para ver qué fue lo que pasó en Haití con el terremoto del 12 de enero. No sirvieron para dejar claro porqué mató a 150 mil pobres, enterrados como animales de modo casi oculto en fosas comunes.


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De Cristóbal Manuel. Desnudo en Haití. Un joven trastornado camina desnudo en las calles de Puerto Príncipe. Diario www.elpaís.com, 5 febrero 2010 elpepuint_9

Las Nuevas Tecnologías de Comunicación (NTC) “fallaron” en Haití desde el 12 de enero pasado, cuando el terremoto que dejó, como mínimo, 250 mil muertos de los cuales 150 mil fueron apilados en fosas comunes, sin identificación. Internet, las cámaras de los celulares, los satélites no mostraron las pavorosas desgracias humanas del cataclismo que, en realidad, comenzó a revelarse como un genocidio por inacción, por omisión. Se argumentó “obscenidad” y “pornografía” de las imágenes más atroces de las víctimas, casi todas desamparadas desde siempre. De tal magnitud fue la desgracia humana, la falta de asistencia inmediata y la desprotección previa, ya horrorosa en sí misma, que poco a poco empezó a hacerse evidente que tal cantidad de víctimas sólo fue posible tras décadas de abandono, indiferencia e invisibilidad a que ha sido sometida Haití.

 

“Los pobres fueron la casi totalidad de los muertos en Haití. Los ricos y la pequeña clase media no fueron afectados, salvo funcionarios, muchos de organismos de asistencia internacional, que se hallaban en horas de trabajo y, en algunos casos, también fueron víctimas. La oligarquía local contada con los dedos de las manos, empresarios extranjeros y la diminuta clase media empleada en servicios para esos sectores, viven en un 99 % en seguras residencias en los alrededores de Puerto Príncipe, capital del país y centro de la catástrofe.”



Los pobres fueron la casi totalidad de los muertos. Los ricos y la pequeña clase media no fueron afectados, salvo funcionarios, muchos de organismos de asistencia internacional, que se hallaban en horas de trabajo y, en algunos casos, también fueron víctimas. La oligarquía local contada con los dedos de las manos, empresarios extranjeros y la diminuta clase media empleada en servicios para esos sectores, viven en un 99 % en seguras residencias en los alrededores de Puerto Príncipe, capital del país y centro de la catástrofe.
Los turistas cinco estrellas tienen locación en la costa, lejos de la ciudad. En general, todos son edificios con al menos normas mínimas antisísmicas. El 80 por ciento de la población haitiana, los desnutridos, los sin techo, los desocupados, los que siempre han vivido en la miseria más espantosa de toda América, sólo comparable a los casos extremos del otro gran genocidio por saqueo, inanición y enfermedades actual, el de África, esos desheredados fueron el 95 por ciento de los muertos.

LA PORNOGRAFÍA INMORAL

Las imágenes de 150 mil cadáveres en fosas comunes, amontonados como animales muertos, arrastrados por palas mecánicas y arrojados en pozos de no muy precisa ubicación, tienen de por sí un valor revulsivo, ponen en cuestión los valores superiores que, se predica, distinguen a nuestra civilización y al capitalismo de propiedad privada sin regulaciones. Esas imágenes plantean una subversión de la validez moral y racionalidad del consumo y el despilfarro como metas de vida. Si por “pornografía” u “obscenidad” se entiende la profunda y radical inmoralidad de tal ordenamiento social, hay indicios de razón. No hay imágenes obscenas y pornográficas en sí mismas; esa característica, que en rigor es sólo una interpretación y valoración, depende del contexto, momento y uso que se le de a dichas imágenes.

 

“También en Internet cuesta encontrar fotos o videos sobre los 150.000 haitianos enterrados en inmensas fosas comunes, apilados y transportados en pilas en cajas de camiones y descargados como basura para después ser arrollados por palas mecánicas hacia las fosas. No hubo identificación de estas 150.000 personas. Y no sólo por la urgencia y el gran desorden provocado por el derrumbe de edificios públicos, sino porque un altísimo porcentaje nunca había tenido documentación de identidad.”

 

 Si por pornografía se entiende el uso amarillista, sensacionalista, perverso exhibicionista y racista que hicieron algunos medios para demostrar como colateralidad lo “inferiores que son los negros y sobre todo los negros pobres, incapaces por genética de ser blancos y ricos”, sí, entonces sí hay pornografía verdadera, no la de la conchas y pijas filmadas de las producciones Triple X, sino la de las hambrunas de cientos de millones en un planeta en que abunda la riqueza natural, los ricos desmesurados, la distribución mal injusta y el derroche de la abundancia. Si con el pretexto de “pornografía”, en cambio, trata de silenciarse ese ordenamiento de planificada e implacable inhumanidad, también hay razón, pero no por la “pornografía” de las imágenes atroces sino por la intención delincuencial del ocultar el delito de la hambruna.

 

“Las Nuevas Tecnologías de Comunicación “fallaron”, de nuevo, en Haití. La primera vez que se planificó dicha falla fue en la guerra del Golfo, en los dos primeros meses de 1991, cuando 34 naciones (entre ellas la Argentina de Menem-Cavallo) lideradas por Estados Unidos, promotor del conflicto,
invadieron Irak.”


 


Esa auténtica pornografía hace tambalear al ser humano de los últimos 500 años, lo cuestiona desde adentro y lo obliga al ocultamiento, el silencio, la complicidad y la más absoluta y culpable privacidad. En Haití, la miseria extrema y el hambre crónicas, ante el desinformación e indiferencia mundial, que determinan que el rancho endeble o la obligada vida en la calle no ofrezcan ninguna defensa ante cualquier fenómeno de la naturaleza, esa miseria y hambre, las imágenes de ellas y sus consecuencias, se erigen como una pornografía intolerable. Por eso las imágenes fueron limitadas en su circulación. No hay que prohibir esas imágenes sino la miseria y el hambre.


NO EXISTE
SI NO ESTÁ EN LA TV

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De blog tecnoculto.com, Mexico
Las NTC “fallaron”, de nuevo, en Haití. La primera vez que se planificó dicha falla fue en la guerra del Golfo, en los dos primeros meses de 1991, cuando 34 naciones (entre ellas la Argentina de Menem-Cavallo) lideradas por Estados Unidos, promotor del conflicto, invadieron Irak. Tanto fue así que el pensador francés Jean Baudrillard había ya previsto que dicho conflicto no había ocurrido. No que no habría de ocurrir sino que tal como ocurrió, no tuvo lugar. Esto es, traducido de modo grosero, que la Guerra del Golfo tal como fue informada por los medios, fue vista en imágenes y, según ello, fue percibida por la mayoría de las personas no intervinientes o afectadas, fue apenas un juego de luces, colores y ruidos parecidos a explosiones de artificio.

Nada “pornográfico” u “obsceno”, algo que impidiera la buena digestión y tomar sol con tranquilidad en el verano argentino (“La guerra del Golfo no ha tenido lugar”, 1991, Ed. Anagrama, Barcelona. Se puede bajar copia en http://www.scribd.com/doc/6884680/Baudrillard-La-guerra-del-golfo-no-ha-tenido-lugar).

        
 

“Durante dos días de febrero de 1945, tres meses antes de la caída de Hitler, mil aviones ingleses y norteamericanos bombardearon con explosivos incendiarios la ciudad alemana de Dresde. Mientras escribo esto los herederos nazis aún insisten. Murieron entre 20 y 35 mil civiles, sin poder determinarse. Otra vez montañas de cadáveres apilados. Antes, los aliados también lo habían hecho sobre Hamburgo (40 mil víctimas civiles) y sobre Tokio, Japón (100 mil muertos.”

 

Además, se repitió, era una “guerra inteligente”, con armas tan sofisticadas –probadas por primera vez en un campo de batalla real-experimental-, que minimizaba los “daños colaterales”, como se llama a las inocentes víctimas civiles. Esta guerra “limpia” fue usada en simultáneo como publicidad planetaria del “progreso” que significan los nuevos armamentos y el “avance” para el mundo que implican al evitar muertos o heridos “innecesarios”. Un “avance científico” que, por añadidura, deja implícita la “superioridad natural” del Occidente desarrollado blanco y cristiano sobre la negritud oriental musulmana, según se encargó de “demostrar” después el académico de Harvard Samuel Huntington en una comentada tesis expuesta en 1993 y publicada en forma de libro tres años después.

LIMPIEZA ÉTNICO-CULTURAL

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IRAK. Cadáveres de iraquíes y soldados
Esta, la primera “guerra limpia” sin “daños colaterales” del siglo XX, en realidad neutralizó y desmintió la tan promocionada  inmediatez y amplitud de la información mundial, “esencialismo democrático” que aseguraría la informática, lo electrónico, lo digital y satelital de los nuevos medios. En verdad, repitió ocultamientos anteriores pero por primera vez  al mundo entero de manera total y sistemática, a efectos de preparar la subjetividad colectiva para el inmenso desastre humano que significaría doce años después la invasión a Irak en marzo-mayo del 2003, hace casi nueve años. Casi nada se dijo y nada se vio en los medios mundiales sobre las consecuencias que durante los nueve años entre 1991 y 2003 tuvo el bloqueo de suministros alimentarios y de salud a Irak, que llegó a ocasionar la muerte de 5 mil niños por mes por enfermedades curables y carencia de nutrientes comunes. La guerra iniciada en el 2003 ha ocasionado ya –según cifras moderadas- al menos un millón de muertos iraquíes  por motivos bélicos directos o por efecto de la destrucción de servicios públicos esenciales, como agua, electricidad y cloacas.

A ello se suman al menos dos millones de desplazados y unos tres millones de emigrados (en un país que tuvo 28 millones de habitantes), con barbaries aplicadas a la población civil en el estilo del corte de agua y suministros esenciales como tácticas de guerra en ciudades o zonas asediadas (http://www.lafogata.org/irak/irak_2703.htm). La enumeración de atrocidades incluye el horror silenciado de modo meticuloso sobre los numerosos nacimientos con deformidades que se producen desde hace tiempo en Irak por el uso de armas radioactivas por parte de Estados Unidos. Más aún se ocultan  las imágenes de niños afectados igual en Estados Unidos nacidos de soldados que combatieron en la primera y segunda invasión a Irak. No se les da la misma difusión que a los rostros desfigurados de mujeres afganas castigadas por sus hombres fanáticos musulmanes, o la herencia de horror genético que produce aún Chernobyl de la Rusia soviética.


LA PRIMERA GUERRA INVISIBLE

Esta invisibilidad de la atrocidad bélica supratecnológica en la era coincidente de la gran transformación de las comunicaciones y las imágenes se reveló patética en oportunidad en que el general Colin Powel anunció en la ONU la invasión a Irak con pruebas que después se confirmaron falsas. Antes de su arribo, en el edificio de Naciones Unidas se cubrió la gran pintura de Picasso, “Guernica”, que da cuenta de la primera experiencia de guerra consistente en bombardear población civil, llevada a cabo por las aviaciones alemana e italiana sobre dicha ciudad vasca en 1937. La imagen de la célebre pintura era, de por sí, subversiva en dichas circunstancias. Powell, quien había comandado las operaciones militares durante la Guerra del Golfo en 1991 y luego fue secretario de Estado de George Bush hijo, tuvo la ominosa tarea de mentir a los representantes del mundo para llevar a cabo una guerra que no fue declarada y que no contó con el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Muchos expertos mundiales han considerado ilegal dicha invasión. La pintura de Picasso siempre lo supo.

 

“La enumeración de atrocidades incluye el horror silenciado de modo meticuloso sobre los numerosos nacimientos con deformidades que se producen desde hace tiempo en Irak por el uso de armas radioactivas por parte de Estados Unidos. Más aún se ocultan  las imágenes de niños afectados igual en Estados Unidos nacidos de soldados que combatieron en la primera
y segunda invasión a Irak.”


 

Ya en la Segunda Guerra Mundial de 1939-45 los nazis repitieron Guernica sobre Londres y Coventry. El horror de Guernica y la pintura de Picasso no pudieron evitar la réplica de los adversarios, los declarados no nazis. Durante dos días de febrero de 1945, tres meses antes de la caída de Hitler, mil aviones ingleses y norteamericanos bombardearon con explosivos incendiarios la ciudad alemana de Dresde. Mientras escribo esto los herederos nazis aún insisten. (Ver “Dresde hoy: los nazis recuerdan”)  Murieron entre 20 y 35 mil civiles, sin poder determinarse. Otra vez montañas de cadáveres apilados. Antes, los aliados también lo habían hecho sobre Hamburgo (40 mil víctimas civiles) y sobre Tokio, Japón (100 mil muertos). Dresde no era un objetivo de interés estratégico, aunque fuentes confiables afirman que sí. Kurt Vonnegut, el gran novelista norteamericano escribió sobre la tragedia en “Matadero cinco”, su novela de 1969, en plena de guerra de Vietnam, por lo que fue considerado un “pacifista antipatriota y procomunista. En 1972, el realizador George Roy Hill (conocido en esa época por “Butch Cassidy and the Sundance Kid”) filmó una versión que no contó con mucho público. En un género híbrido combinado con la ciencia ficción y lo fantástico, Vonnegut, sobreviviente de Dresde, relata su propia experiencia como uno de los prisioneros aliados capturados por los alemanes, encerrado en el edificio de un ex matadero de animales. (Comentarios muy interesantes se pueden leer en http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/396526.html). En agosto del 45 se prueban por primera armas nucleares sobre la población civil de Hiroshima y Nagasaki: mueren 250 mil. Seis días después termina la Segunda Guerra Mundial.

APRENDIZAJE
CON ASESINATOS MASIVOS


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Irak. Padre con hija amputada, de http.focus007.files.wordpress.com. 2008

El complejo comunicacional y militar-industrial de Estados Unidos aprendió la lección en Vietnam. La guerra que se perdió desde adentro cuando comenzaron a circular las imágenes de las atrocidades cometidas en el pequeño país asiático. Murieron 50 mil soldados norteamericanos, pero los vietnamitas exterminados fueron tres millones. La repulsa mundial y, sobre todo, la interna en Estados Unidos, en un momento de rebelión juvenil pacifista y de revolución y no de guerra, hicieron contraproducente la continuación de la matanza.  En realidad, la invisibilidad que ahora permiten generalizar de manera hegemónica y casi completa las nuevas tecnologías de comunicaciones e información, es el perfeccionamiento de una conocida táctica bélica que un poco antes se llamaba “guerra psicológica” y que durante el siglo XX con aporte científico convirtieron en disciplina los nazis.

Lo que no se comenta, lo que no aparece en los diarios, lo que no se dice en la radio, lo que se ausencia una y otra vez en la televisión, no existe. El ejemplo máximo fue el genocidio de los judíos perpetrado por el nazismo. Primero fue la campaña para “demostrar” que los judíos –en especial los europeos- no sólo eran enemigos sino que no eran humanos, o eran inferiores, no humanos. Con esto se contrarrestaba, con una prédica de años, cualquier información sobre la cualidad de horror de la atrocidad preparada de modo meticuloso (“No son humanos”, “Algo habrán hecho”).

 

“La invisibilidad que ahora permiten generalizar de manera hegemónica y casi completa las nuevas tecnologías de comunicaciones e información, es el perfeccionamiento de una conocida táctica bélica que un poco antes se llamaba “guerra psicológica” y que durante el siglo XX con aporte científico convirtieron en disciplina los nazis.”

 

Iniciado el exterminio de casi siete millones de judíos europeos (algo muy difícil de no ver para el vecindario), la gran mayoría ignoró o dijo “no saber” (aunque en realidad “sabía”), y si algo se conocía se negaba o minimizaba la magnitud del horror o bien se argumentaba de modo tranquilizador que alguna falta, delito o culpa tendrían. Un fenómeno de igual matriz se repitió, entre otros lugares antes, en Argentina, cuando todo un país “ignoró” que había 30 mil desaparecidos, que cientos de personas desaparecían por día y nada se volvió a saber de ellas en 4 años al menos. Es célebre la definición de los “desaparecidos” dada por el dictador Videla: “entelequia”, los desaparecidos son una entelequia, una especie de idea platónica que no está, no existe, no es, no tiene entidad.

 


“Iniciado el exterminio de casi siete millones de judíos europeos (algo muy difícil de no ve por el vencindario), la gran mayoría ignoró o dijo “no saber” (aunque en realidad “sabía”), y si algo se conocía se negaba o minimizaba la magnitud del horror o bien se argumentaba de modo tranquilizador que alguna falta, delito o culpa tendrían. Un fenómeno de igual matriz se repitió, entre otros lugares antes, en Argentina, cuando todo un país “ignoró” que había 30 mil desaparecidos.

 

L
A DISTRACCIÓN DE LA MAYORÍA

El periodista Jacobo Timerman, secuestrado en 1977 y torturado por los militares argentinos, entre otras inquietantes conclusiones de su martirio, escribió: “El Holocausto será comprendido no tanto por el número de víctimas como por la magnitud del silencio. Y lo que me obsesiona es más la repetición del silencio que la posibilidad de un nuevo Holocausto. Porque sólo la repetición del silencio posibilitará un nuevo Holocausto”. Antes, en su relato, había observado lo mismo en la Alemania post-hitleriana: “…era difícil encontrar un alemán que admitiera haber sabido de la existencia de los campos de concentración, las cámaras de gas, los hornos crematorios” (“Preso sin nombre, celda sin número”, El Cid Editor, Argentina, noviembre 1982, p. 136 y 99, respectivamente).

 


“Por decretos de 1938 “los barcos que traían a Buenos Aires a las víctimas judías de la guerra eran sistemáticamente reexpedidos porque se les negaba permiso de desembarco”. Fueron en particular  dramáticos el rechazo de refugiados que vinieron en los barcos Cabo de Buena Esperanza, Jamaica, Conte Grande, Campana, Cabo de Hornos, Monte Oliva y otros durante 1939-1942, esto es, desde antes de la finalización de la guerra, en plena Shoah
y antes de Perón.


 

Washington sabía sobre lo que sucedía con los judíos en Alemania, Polonia y el resto de Europa. El presidente Roosevelt había sido informado por dirigentes de la comunidad judía, y existieron informes precisos de representantes diplomáticos. Se dejó hacer. En la ex URSS algo parecido, con el añadido de haberse firmado en 1938 el pacto de no agresión Ribbentrop-Mólotov. Una interesante película norteamericana del 2001, “Focus” (se consigue copia en devedé), con William H. Macy y Laura Dern, registra la sorprendente, paradójica y después silenciada difusión del antisemitismo desde antes del término de la Segunda Guerra en Estados Unidos, o al menos en Nueva York, mientras los soldados de USA peleaban en Europa. Versiones de la historia como la de la estupenda “Rescatando al soldado Ryan” de Steven Spielberg parecen ser así una reelaboración posterior para acomodar los hechos a una interpretación no incómoda.

LOS 1.OOO NIÑOS HUÉRFANOS


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Bombardeo aliado en 1945 sobre Dresde. DRESDEN-s_LEICHEN_TRUMMER__gross

Salvo excepciones, el mundo se abstuvo de hacer algo para evitar el genocidio de 6 millones y medio de judíos. Al contrario de la creencia forjada de a poco con posterioridad a la liberación de los prisioneros de los campos de exterminio, no sólo en Estados Unidos e Inglaterra se omitió cumplir con acciones posibles de negociar para salvar grandes cantidades condenados (hubo excepciones con personalidades sobresalientes y bien relacionadas, a las que se les otorgó refugio). La Argentina también es responsable de esa omisión, y varios años antes del primer gobierno de Perón, al contrario de lo que suele enfatizarse casi siempre de manera prejuiciosa o de mala leche.

Es notable además que cuando se habla del “nazi-fascismo” del primer Perón no se mencione con igual peso la germanofilia institucional en ese momento del ejército argentino (después “norteamericano-filia”) y el derechismo católico vinculado al franquismo y conviviente con Mussolini , que en su guerra anticomunista hizo que el Vaticano oficiara de mediador para los nazis refugiados en Argentina tras la caída de Hitler. Tampoco se menciona que Estados Unidos hizo lo mismo, sobre todo con personalidades científicas del período nazi. La ex URSS, un poco menos.

 
Más comentado en su momento, aunque también oculto, fue el ignominioso caso de los mil niños huérfanos judíos prisioneros en el sur de Francia, con destino al crematorio, que debían refugiarse en Argentina. Pese a haber un decreto favorable de 1942 del presidente Castillo, nunca se llevó a cabo la aceptación de esos pequeños refugiados condenados a muerte.

 

En 1983 la revista “Todo es historia” publicó una interesante nota investigativa y de divulgación en la que Leonardo Senkman relata las actitudes contrarias y obstaculizadoras de los gobiernos conservadores de los años 30.     “Una de las circunstancias más dramáticas que afectaron a la colectividad judía (argentina) durante los años 1938-1946 fue la política restrictiva oficial hacia los refugiados judíos que huían y sobrevivieron al holocausto”, dice Senkman. Por decretos de 1938 “los barcos que traían a Buenos Aires a las víctimas judías de la guerra eran sistemáticamente reexpedidos porque se les negaba permiso de desembarco”. Fueron en particular  dramáticos el rechazo de refugiados que vinieron en los barcos Cabo de Buena Esperanza, Jamaica, Conte Grande, Campana, Cabo de Hornos, Monte Oliva y otros durante 1939-1942, esto es, desde antes de la finalización de la guerra, en plena Shoah y antes de Perón. Más comentado en su momento, aunque también oculto, fue el ignominioso caso de los mil niños huérfanos judíos prisioneros en el sur de Francia, con destino al crematorio, que debían refugiarse en Argentina. Pese a haber un decreto favorable de 1942 del presidente Castillo, nunca se llevó a cabo la aceptación de esos pequeños refugiados condenados a muerte. (“El 4 de junio de 1943 y los judíos”, por Leonardo Senkman, Todo es Historia, Buenos Aires, junio 1983, Nro. 193, ps. 67-78).

DEMASIADOS FLAUTISTAS DE HAMELÍN

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Auschwitz_Death_Camp. Soldados obligan al vecindario a ver los cadáveres de judíos

Si se quiere completar la información de los grandes medios, cuesta encontrar en internet fotos o videos sobre los 150.000 haitianos enterrados en inmensas fosas comunes, apilados y transportados en pilas en cajas de camiones y descargados como basura para después ser arrollados por palas mecánicas hacia las fosas. No hubo identificación de estas 150.000 personas. Y no sólo por la urgencia y el gran desorden provocado por el derrumbe de edificios públicos, sino porque un altísimo porcentaje nunca había tenido documentación de identidad. (Las únicas fotos que pude encontrar que dan cuenta de la tragedia de los pobres, esto es, la mayoría, están en http://tecnoculto.com/2010/01/13/terribles-imagenes-del-terremoto-que-asolo-a-haiti/

En la revista “Veintitrés” del 21 de enero pasado hay una foto de origen no precisado en la que un hombre con mameluco blanco y guantes de poliéster arroja por el aire, como si fuera un paquete, el cuerpito de un niño de unos diez años hacia una pila de cadáveres. Recuerdo haber leído algo parecido sobre hechos en esencia idénticos ocurridos en las barracas de niños en los campos de exterminio nazis: militares SS cariñosos o mujeres celadoras uniformadas que mientras contaban cuentos en voz alta o hacían entonar a coro canciones  infantiles llevaban a cientos de ovejitas hacia las cámaras de gas.


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Niños en Auschwitz.httpyadbeyad.files.wordpress.com200906auschwitz41


Pese a lo abominable del tema, otra referencia inmediata es la del conocido cuento de los Hnos. Grimm, alemanes, que en el siglo XIX retomaron una antigua historia del siglo XIII. La historia de “El flautista de Hamelín”, fábula o leyenda, cuenta acerca de una misteriosa desgracia en la ciudad de Hamelín (Hameln en alemán), Alemania, el 26 de junio de 1284, Día de San Juan y San Pedro. Un misterioso flautista al no recibir el pago prometido por los buenos ciudadanos por haberlos liberado de la invasión de ratas, sedujo con el sonido de su flauta a 130 niños que nunca más aparecieron. (click para ver “Un cuento no tan cuento”).

 
“Cuando se omiten acciones preventivas, ya estudiadas y anunciadas por el hombre, perfectamente factibles de realizar para impedir la muerte, daño o afectación colectivos de personas y bienes, pueden establecerse similitudes con el fenómeno de genocidio, concepto por otra parte muy reciente ya que data de 1944-1948.”

 

También, claro, podría hablarse de la “La cruzada de los niños” de 1212, que tuvo dos columnas, la encabezada por el pastorcito francés Esteban y otro chico del campo pero alemán de nombre Nicolás. Ambos anunciaban que iban a recuperar el Santo Sepulcro y que al llegar, los primeros al puerto de Marsella, y los segundos al de Génova, las aguas del Mediterráneo se abrirían por providencia divina. Según estimaciones, fueron unos 20 mil niños, al final fallecidos por hambre y privaciones o vendidos como esclavos en Argelia por traficantes de niños de la época. Este último dato, el de tráfico de chicos traza otro ¿sorprendente? paralelo con Haití hoy, según denuncias por venta de criaturas.

VELORIO DE LOS ANGELITOS

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El flautista de Hamelín

Es obvio que las muertes masivas de un desastre natural no son las que se pretendió describir y calificar con el concepto de  genocidio (del gr. γένος, estirpe, y -cidio. m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad. DRAE), aunque la cantidad de víctimas sean por igual enormes. Pero cuando se omiten acciones preventivas, ya estudiadas y anunciadas por el hombre, perfectamente factibles de realizar para impedir la muerte, daño o afectación colectivos de personas y bienes, pueden establecerse similitudes con el fenómeno de genocidio, concepto por otra parte muy reciente ya que data de 1944-1948. Tema debatible y debatido, razón por la cual se ha creado el concepto de “crimen de lesa humanidad” de la Corte Penal Internacional de La Haya, Holanda, establecida recién en 1998.

Pero hay quienes sostienen la idea de “genocidio social”, por ejemplo, por la alta tasa de mortalidad infantil, hoy ubicada en Argentina en el 13,3 % cada mil nacidos vivos, según datos oficiales (UNICEF mide 14 niños por mil nacidos). “En relación con la mortalidad infantil, se resalta el problema de las enfermedades respiratorias, por un lado, y, por el otro, el alta prematura de niños con problemas de salud por falta de camas, que van a hogares donde las condiciones son precarias y no cuentan con toda la atención que requieren”, según el acta de la IV Reunión Ordinaria del Consejo Federal de Salud (Cofesa), (http://profgeo.wordpress.com/2009/04/13/mortalidad-infantil-en-argentina/). En Argentina nacen promedio unos 700 mil niños por año de los cuales mueren, menores de un año, entre 9 y 10 mil. Por desnutrición y causas relacionadas con ella (neumonía, diarrea, tuberculosis) se producen anualmente unas 270 muertes infantiles evitables. Casi 6 mil de los chiquitos fallecidos fueron recién nacidos. Si todos los recién nacidos tuvieran la misma calidad de cuidados observada en algunos buenos hospitales públicos y privados, sólo entre los menores de 1500 gramos morirían 2000 niños menos por año. (http://www.clarin.com/diario/2009/09/08/opinion/o-01994188.htm).


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Pablo, de 4 años, pesaba 7 kilos en Tucumán, al ingresar al hospital. Diario La Gaceta 2002


Matanza incrementada por las políticas de los años 90 de  desocupación y disminución de la participación de los salarios en la distribución del ingreso nacional, 25 niños mueren por día por causas evitables antes de cumplir un año, sostienen otras estimaciones. En el país más de seis millones de chicos viven en la pobreza y la mitad de ellos pasa hambre.
Sólo en la ciudad de Buenos Aires, ocho niños mueren por día antes de su primer cumpleaños. La desnutrición sufrida durante el embarazo y en los primeros meses de vida produce daños irreparables: retraso mental y físico, bajo peso y talla y dificultades en el aprendizaje. Unicef revela que el 66% de los niños y las niñas argentinos mueren en su primer mes de vida y que más de la mitad de estas muertes son evitables. Las probabilidades de morir antes de cumplir un año son tres veces superiores en Formosa que en la ciudad de Buenos Aires. En las provincias de Jujuy o Chaco, la probabilidad de muerte duplica a las jurisdicciones más favorecidas.
http://red-latina-sin-fronteras.lacoctelera.net/post/2009/02/25/argentina-desnutricion-25-ninos-mueren-dia)


UNA COSTUMBRE MUY MODERNA
Cuando Hitler llevó a cabo el genocidio del pueblo judío, con su desaparición casi completa en territorio de Europa (de larga tradición antisemita), tuvo un antecedente para referirse, con plena conciencia, a la indiferencia y “dejar hacer” del resto del mundo: el genocidio armenio por parte de los turcos desde 1915. Aún hoy, casi un siglo después, Turquía se niega a reconocer la matanza de 1 millón y medio de armenios, aún al precio de obstaculizarse a sí misma el deseado ingreso a la Unión Europea. Durante muchas décadas poco y nada se supo del holocausto armenio. Lo paradójico es que este hecho brutal introdujo a Turquía en la llamada Modernidad, lo que, al fin y al cabo, tal vez no sea un concepto del todo inapropiado en este caso. Durante el siglo XX se calcula que unos 100 millones de personas perecieron en guerras, genocidios y crímenes de lesa humanidad. No soy el único que cree que la personalidad que sintetiza al siglo XX es Hitler, no Luther King, Pérez Esquivel o Nelson Mandela.


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De Dani Yako, argentino.Niños y adultos sin techo duermen en Plaza Italia, Bs. As.

Aunque un sistema democrático otorga o presupone garantías y seguridades, brotes de violencia genocidas no son imposibles en dicho ordenamiento. Hasta los republicanos democráticos franceses, herederos de la Revolución de 1789, tienen sus sombras. No ya el hecho de que la heroica Resistencia ante la invasión hitleriana no contagió a gran parte de la población, y que los colaboracionistas con los nazis fueron más –la mayoría no juzgados- que los que se gusta reconocer. Mucho después, en la presidencia del general De Gaulle, durante la V República y en plena guerra colonial contra Argelia hubo en París otro 17 de octubre, muy distinto al argentino. En ese día del año 1961 unos 200 argelinos fueron apaleados y asesinados y sus cuerpos arrojados al Sena. Poco se habló del tema, se prefiere mencionar con más frecuencia la gesta de Mayo de 1968. (click para ver “El otro 17 de octubre”).

 
“Casi 6 mil de los chiquitos fallecidos en Argentina (en el 2007) fueron recién nacidos. Si todos los recién nacidos tuvieran la misma calidad de cuidados observada en algunos buenos hospitales públicos y privados, sólo entre los menores de 1500 gramos morirían 2000 niños menos por año.”

 

EL VACÍO Y LA PRUDENTE CONFIANZA
Al escribir esto, se me hace difícil encontrar en la web imágenes de los muertos pobres y anónimos amontonados de Haití, pero en cambio encuentro noticias coincidentes, no destacadas por la    prensa masiva, sobre genocidios recientes (click para ver “Latinoamérica hoy: la mayor fosa común”) o la ya mencionada marcha nazi hace unos pocos días en Dresde (que formó parte de la Alemania comunista desde 1945 a 1989). La información sobre genocidios perpetrados desde 1945 desborda aún el simple resumen. Es casi imposible siquiera mencionarlos a todos. El exceso de información es tan silenciador como la ausencia de información. No se puede manejar, ni siquiera resumir o seleccionar. No hay tiempo, no hay espacio. Las nuevas tecnologías comunicacionales silencian por exceso o, como la televisión o prensa masiva tradicional,  por ausencia. Entonces es cuando uno se cuestiona si no está, esta vez sí, en el borde de la obscenidad, enmerdado por su maloliente oscuridad, humana, demasiado humana.


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Genocidio armenio en 1915. krokotanarur.hu, madre y dos hijas muertas por hambre

Cuando Timerman, según cita más arriba, se pregunta o duda sobre si el silencio no estimulará la repetición de nuevos holocaustos, él –aún como hombre pragmático, encallecido en el trato humano- flaque en verdad por ingenuo, o por esperanzado, o acaso por temeroso, al no animarse a conjeturar que lo temido ocurría y habría de ocurrir muchas veces más. De concluir que, si aceptaba la posibilidad de que lo él había sufrido, como miles de argentinos otros por nadie recordados, y aún mucho más en ellos, si eso padecido tenía, tuvo y tiene enormes posibilidades de repetirse en demasiados lugares y oportunidades, entonces allí y en ese momento desaparecería la más mínima y única posibilidad de una pequeña confianza (por no decir esperanza, que suena ostentosa).

 
“Durante muchas décadas poco y nada se supo del holocausto armenio. Lo paradójico es que este hecho brutal introdujo a Turquía en la llamada Modernidad, lo que, al fin y al cabo, tal vez no sea un concepto del todo inapropiado en este caso. No soy el único que cree que la personalidad que sintetiza al siglo XX es Hitler, no Luther King, Pérez Esquivel o Nelson Mandela.”

 

En “Los hundidos y los salvados”, el italiano Primo Levi, superviviente de los campos nazis y uno de los mejores descriptores de lo que el genocidio significa para la condición humana, reconoce que tal ignominia puede volver a ocurrir, quizás no en “el mundo occidental, en Japón y también en la Unión Soviética”. A su parecer allí estaría en acción “una especie de defensa, de inmunización” coincidente con lo que llama “la vergüenza del mundo”. Pero aclara que lo que “sobre lo pueda ocurrir en otras partes del mundo, o más tarde, es prudente suspender el juicio” (ed. Biblos, España, 2000, p.75). Levi llega al borde y no se anima a mirar lo oscuro, la grieta, el pozo. Es probable que de allí no se vuelva. Después tal vez se asomaría, cuando el 11 de abril de 1987, muere, quizás por suicidio, aunque muchos no han querido creerlo. El argentino Jack Fuchs, sobreviviente de Auschwitz y autor de los mejores testimonios en el país, parece cada vez más sombrío en sus conclusiones sobre el futuro (“Dilemas de la memoria. La vida después de Auschwitz”, ed. Norma, Argentina, 2006).


DRESDE HOY: LOS NAZIS PERSISTEN
 

Dresde: 10.000 antifascistas impiden el desfile nazi.

Entre 10.000 y 12.000 antifascistas bloquearon el sábado varias calles y avenidas y evitaron que se realizase el tradicional desfile neonazi en la ciudad de Dresde, Alemania del Este.

(Dresde capital del estado federado de Sajonia, en Alemania). Para la marcha se habían congregado según algunas fuentes 6.400 neonazis, quienes con ayuda policial se enfrentaron a los manifestantes al percatarse que las principales vías de tránsito habían sido cerradas. De ambos lados se lanzaron piedras y botellas, ocasionando varios destrozos. La policía reprimió a los antifascistas, alegando que la marcha nazi era legal, con resultado de al menos 30 heridos. 
Un contingente de 5.700 policías se movilizó para intentar que los nazis pudieran realizar su marcha, intento infructuoso como se vio. Los represores capturaron 31 personas, principalmente, por ocasionar la destrucción de 12 autobuses y otros ocho vehículos. A partir de las 17.30 del sábado, cuando ya los nazis habían desistido de su marcha, las organizaciones antifascistas aconsejaban a los activistas moverse en grupos por la ciudad, ya que quedaban grupos de nazis merodeando.Según IMC Alemania, fue la manifestación antifascista más importante de los últimos tiempos en ese país.

 
 

(Fuente: La Haine)
(Kaos. Antifascismo | La Haine | 15-2-2010

Bajado de:

http://www.kaosenlared.net/noticia/dresde-10.000-antifascistas-impiden-desfile-nazi

 
     





“Las nuevas tecnologías comunicacionales silencian por exceso o, como la televisión o prensa masiva tradicional,  por ausencia. Entonces es cuando uno se cuestiona si no está, esta vez sí, en el borde de la obscenidad, enmerdado por su maloliente oscuridad, humana, demasiado humana.

 
 

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Genocidio en Ruanda
Es cierto que se me hace obsceno ni siquiera poder enumerar otros genocidios, como Camboya, los Balcanes o Ruanda en los años 90, los de Centro América (El Salvador, Guatemala, Honduras) desde los 80 y antes, los de Gaza con sus “muertitos” innumerables, los de varios lugares de África hoy. Esta ausencia por simple falta de nombramiento es otra verdadera horrenda pornografía, ésta sí. Pero, aunque lo peor, lo horroroso, lo innombrable estén condenados a repetirse, más aún, aunque esa cualidad forme parte de la condición humana, el pesimismo, la misantropía no han de servir y hasta los estimulan. Cierta confianza contribuye al equilibrio, a la tensión, a la espera, la supervivencia, la fugacidad, lo soportable y lo vivible, y en ese plano de angustia la existencia humana tiene sentido. El sentido de la vida: reponerse frente a lo irremediable. Me parece que esto es tan “natural” como el (posible) compulsivo comportamiento genocida.

 
“Aunque lo peor, lo horroroso, lo innombrable estén condenados a repetirse, más aún, aunque esa cualidad forme parte de la condición humana, el pesimismo, la misantropía no han de servir y hasta los estimulan. Cierta confianza contribuye al equilibrio, a la tensión, a la espera, la supervivencia, la fugacidad, lo soportable y lo vivible, y en ese plano de angustia la existencia humana tiene sentido. El sentido de la vida: reponerse frente a lo irremediable. Me parece que esto es tan “natural” como el (posible) compulsivo comportamiento genocida.”

 

Por Amílcar Moretti 21 febrero 2010
© Amílcar Moretti, 2010

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