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Después de la caída

 

Ian Buruma: un castigo por incorrección

 

Ian Buruma, ex editor de The New York Review of Books, analiza los medios y la libertad de prensa, a un año de verse obligado a renunciar por haber publicado un artículo considerado sexista.

 

Ian Buruma sostiene que movimientos como el #MeToo no existen solo por cuestiones de principios, también existen por cuestiones de poder.

 

Malin Elkman

https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/ian-buruma-castigo-incorreccion_0_iACL_4xK.html

 

31/01/2020 –

Clarín.com Revista Ñ Ideas

En septiembre de 2018, Ian Buruma tuvo que renunciar al cargo de editor de The New York Review of Books, a continuación de un escándalo que se desató cuando la revista publicó un polémico ensayo sobre el #MeToo del presentador radial y músico canadiense Jian Ghomeshi.

Bajo el titular “Reflexiones desde un hashtag”, el autor relataba su paso de la fama a la infamia. Antes de la publicación, más de veinte mujeres habían acusado a Ghomeshi –que resultó absuelto–de acoso y maltratos sexuales. Pero el texto no discutía en detalle ni el alcance ni la naturaleza de las acusaciones.

 

Un año después, en una entrevista con Malin Ekman, corresponsal en Estados Unidos del periódico sueco Svenska Dagbladet, Buruma reflexiona sobre los encargos que perdió, la literatura, la cultura de la cancelación y las amenazas a la libertad de prensa.

 

IAN BURUMA (1951), escritor holandés habitualmente residente en Estados Unidos (foto de SyD)

 

–Usted dejó The New York Review of Books solo doce meses después de asumir como editor. Había publicado una edición sobre “La caída de los hombres” que incluyó un ensayo de Ghomeshi. Usted explicó que el ensayo se incluyó para dar voz a un hombre al que habían puesto en la picota y analizar el #MeToo desde el punto de vista del acusado. Pero sus críticos dijeron que no había dado suficiente importancia a las acusaciones contra Ghomeshi y que había mostrado insensibilidad al espíritu de la época.

 

–Ante la opinión de la gente no hay mucho que se pueda hacer. La razón por la que publiqué el artículo no fue defender lo que hizo Ghomeshi sino examinar la naturaleza de las sanciones sociales.

 

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Es notable. Hace diez años no hubiera sucedido; y es posible que diez años después tampoco. La atmósfera estaba muy agitada, y creo que el dueño del NYRB entró en pánico.

 

 


 

–En Europa usted es una figura cultural progresista, un intelectual elogiado por sus libros sobre Asia y sus ensayos sobre el extremismo de derecha y el Islam radical. Parece una ironía que se convierta en símbolo de una generación de hombres a los que se acusa de no comprender las percepciones contemporáneas en relación con el poder y la opresión.

 

Es notable. Hace diez años no hubiera sucedido; y es posible que diez años después tampoco. La atmósfera estaba muy agitada, y creo que el dueño del NYRB entró en pánico.No tengo otra explicación. Pensó que el único modo de hacer frente al pánico con que respondieron los anunciantes era que yo me fuera. A mí me sorprendió mucho, no era mi elección. El dueño me había apoyado hasta un día antes de mi partida. Creo que se sintió intimidado.

 

 

–Rea S. Hederman, el dueño, dice que el NYRB tiene normas estrictas de edición que no se respetaron con este ensayo.

 

–El proceso de edición no falló. Hubo dos personas más involucradas en la edición desde el principio, y otras dos que revisaron el ensayo antes de su publicación. Incluso hubo una reunión sobre el ensayo con todo el equipo editorial, y Hederman lo leyó antes de la publicación. Pero hay que decir que este tema dividió a la redacción. El conflicto comenzó con la reseña de la crítica Laura Kipnis al libro Be Fierce: Stop Harassment and Take Your Power Back (Sé valiente: detén el acoso y recupera el poder), donde la presentadora de TV Gretchen Carlson acusa al ya fallecido ejecutivo de Fox News, Roger Ailes, de acoso sexual. En la reseña, Kipnis adopta la postura de que es evidente que los hombres deben cambiar su conducta y forma de pensar, pero que las mujeres también tienen una responsabilidad. Y es bastante irónica respecto de la descripción exagerada que hace Carlson. Algunos editores querían eliminar esas visiones críticas, especialmente cuando las expresaba en forma humorística.

 

 

–Así que el ensayo de Ghomeshi fue parte de una discusión más amplia en relación con qué voces debían estar representadas en la revista.

–No tanto en relación con qué voces, sino con las opiniones expresadas y el tono de la redacción. A veces tuve que defender a los escritores contra editores demasiado ansiosos de intervenir en los textos. Pero nunca hubo un altercado grave, ni gritos. Eran diferencias claramente generacionales. Digamos, los de más de cuarenta tenían una actitud diferente a la de los más jóvenes.

 

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“Mi generación, los que crecimos en los sesenta y setenta, admirábamos cosas que de hecho eran un poco provocativas, incluso escandalosas. La generación más joven está más interesada en luchar por la justicia social, la igualdad. Y todo lo que no encaje en ese modo de pensar, hay que censurarlo. Puede terminar siendo una forma de puritanismo”.

 

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¿En qué sentido?

 

–Bueno, como usted sabe, en Estados Unidos cualquier cuestión relacionada con la raza y el género causa problemas enseguida. Son temas delicados. A veces la gente se pone muy sensible. Por ejemplo, hubo una objeción en relación con el título de un artículo sobre la diplomacia con Corea del Norte que decía: “Better Jaw Jaw than War War” (mejor hablar y hablar que guerrear y guerrear). Se dijo que era “ofensivo para los asiáticos”. En realidad, es una frase que dijo Churchill en Estados Unidos, con el sentido de que negociar con la Unión Soviética era mejor que un conflicto militar. En otra ocasión, un miembro joven del equipo de editores me criticó, en forma bastante grosera, por pedir “matices”, como si fuera algo malo.

 

 

–Podría decirse que son la posición y el enfoque clásicos de un intelectual.

 

–Sí. Pero es un enfoque que ahora es muy cuestionado. Mi generación, los que crecimos en los sesenta y setenta, admirábamos cosas que de hecho eran un poco provocativas, incluso escandalosas. La generación más joven está más interesada en luchar por la justicia social, la igualdad. Y todo lo que no encaje en ese modo de pensar, hay que censurarlo. Puede terminar siendo una forma de puritanismo.

 

 

–Si pudiera retroceder el reloj, ¿volvería a publicar el ensayo de Ghomeshi?

 

–Puede que lo editara en forma ligeramente diferente, pero sin duda lo publicaría. Una de las críticas fue que el artículo no dejaba suficientemente claro de qué lo habían acusado. En retrospectiva, creo que aclararía mejor eso. Pero es una cuestión de matices, no una cuestión de si publicaría o no el artículo.

 

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“Alexis de Tocqueville dijo que las revoluciones nacen del aumento de expectativas. No suceden cuando todos están oprimidos, sino cuando disminuye la opresión y la gente piensa que las cosas van a mejorar, pero no mejoran lo suficientemente rápido. Las revoluciones se producen en ese momento”.

 

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–Su llegada al cargo de editor fue una oportunidad para transformar el NYRB. Su predecesor y fundador de la revista, Robert B. Silvers, la dirigió a su antojo desde 1963 hasta que falleció en 2017. Usted dijo que era “la vieja escuela de editores dictadores”.

 

–Cuando asumí como editor, pensé que había que ser más democráticos. Teníamos reuniones para discutir los artículos, y se le daba mucha más importancia que antes a la opinión de los editores más jóvenes.

 

 

–Silvers editó el NYRB durante 54 años. En comparación, el único año que usted ocupó el puesto parece un paréntesis, pero también una ruptura con la tradición.

 

–Es común que las cosas sucedan de este modo. Alexis de Tocqueville dijo que las revoluciones nacen del aumento de expectativas. No suceden cuando todos están oprimidos, sino cuando disminuye la opresión y la gente piensa que las cosas van a mejorar, pero no mejoran lo suficientemente rápido. Las revoluciones se producen en ese momento.

 

 

–El #MeToo también se produjo en un momento de relativa igualdad entre hombres y mujeres. Pero faltaba la tarea de contarle al mundo los costos ocultos del éxito femenino: el acoso sexual con que se encuentran las mujeres ambiciosas, y las normas y acuerdos tácitos que impedían a las mujeres hablar.

 

–Es absolutamente necesario que hombres y mujeres reciban un trato igualitario. Pero el #MeToo es también una rebelión juvenil contra personas a las que se asocia con la generación anterior, especialmente hombres. Estos movimientos no son solo por cuestiones de principios, también son por el poder. Tienen un fuerte elemento político.

 

 

–El movimiento #MeToo puso a prueba a los medios periodísticos. Periodistas y editores tienen que hacer equilibrio entre las demandas de una audiencia mayoritariamente progresista y la fidelidad al ideal de la objetividad. Tras su despido del NYRB, ¿diría que perdió trabajos como escritor?

 

–Sí. Y tal vez haya perdido un par de amistades, pero no más que eso. En cierto sentido, me sorprendió más esta idea de ser persona non grata que el hecho de perder el empleo. La motivación principal de un escritor nunca debe ser agradar a las masas. Lo mismo vale para las revistas. Una revista intelectual no es nada más para defender ciertas ideas políticas. Los que las dirigen quieren hacer pensar a los lectores. Esto implica incluir puntos de vista que pueden generar rechazo. Pero si son argumentos interesantes y hacen pensar, sirven a un bien más grande. Editar una revista intelectual no es cuestión de sólo amoldarse a lo que la mayoría de los lectores ya piensan.

 

IAN BURUMA (1951), escritor holandés con residencia en Estados Unidos, habitualmente.

 

–Pasemos a un tema relacionado: Peter Handke, Premio Nobel de Literatura 2019. Fue una elección polémica. Handke critica el modo en que los medios presentaron la guerra en Yugoslavia y dice que quiere mostrar una imagen más matizada de los “malvados serbios”. Sus detractores afirman que relativizó el genocidio en Srebrenica, en particular al poner en duda que se lo pueda llamar genocidio. ¿Dónde se ubica usted?

 

–El Nobel es un premio político. Se da en reconocimiento al mérito literario y la promoción de los ideales de la humanidad, o algo así. Pero nunca fue una cuestión meramente literaria. En mi opinión, quienes dicen eso se equivocan. Sin duda creo que Handke es un escritor importante, pero me sorprendió mucho que se lo dieran. Claramente no entra en esa categoría. Alguien que defendió a un líder (el serbio Slobodan Milošević) indiscutiblemente culpable de asesinatos en masa parece una elección extraña para el Premio Nobel, incluso si es un buen escritor. Me parece sorprendente.

 

 

–Entonces, ¿por qué piensa que le dieron el premio?

 

–No lo sé. Tal vez porque siempre los acusaron de ser políticamente correctos, y querían mostrar que no lo son. Por otra parte, después de tener un escándalo de violación propio, ¿tenían que hacer esto? No lo sé. ¿Qué piensa usted?

 

 

–Creo que querían mostrar integridad e independencia. Y tal vez pensaran que ya lo habían compensado con la entrega del premio 2018 a la novelista polaca Olga Tokarczuk. ¿Piensa que la reputación del premio en sí está dañada?

 

–Sí, creo que ya perdió un montón de prestigio. Me parece que ya no se lo toma tan en serio como hace veinte años. Si la intención de la Academia era recuperar credibilidad después del escándalo de 2018, creo que no lo consiguieron. Es probable que lo hayan empeorado. Como dijo hace poco una persona amiga, vivimos tiempos extraños. Se denuncia a la gente por sus opiniones en materia de raza o género, pero uno puede defender a un tirano sanguinario y después ganar el Premio Nobel. Perdí mi empleo como editor de una revista progresista por publicar un artículo de un hombre acusado de maltrato sexual, pero un escritor recibe el Nobel después de pronunciar un discurso en el funeral de un asesino en masa. Hay algo ligeramente extraño en todo esto.

 

© Project Syndicate, 2019. El último libro publicado por Ian Buruma es A Tokyo Romance: A Memoir. Traducción: Esteban Flamini
https://www.project-syndicate.org/onpoint/after-the-fall-by-malin-ekman-and-ian-buruma-2020-01?barrier=accesspaylog

 

“Alexis de Tocqueville dijo que las revoluciones nacen del aumento de expectativas. No suceden cuando todos están oprimidos, sino cuando disminuye la opresión y la gente piensa que las cosas van a mejorar, pero no mejoran lo suficientemente rápido. Las revoluciones se producen en ese momento”. (iAN bURUMA)

 

 


 

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