EVITA, PERÓN, FEMINISMO HOY ARGENTINA. Escribe Amilcar Moretti

 

¿Se puede ser feminista y gorila? Lo Real Argentino indicaría que sí, se puede. Una manera de ser “feminista” clasista y racista (anti-mestizo, anti-cabecita negra). También en Argentina hay un “feminismo Hollywood” (MeToo) y desde mucho antes hubo y hay un Feminismo Peronista (Evita).

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                   AMILCAR MORETTI. AUTORRETRATO, 2017.web DSC_2447En Argentina el feminismo será peronista o, si no, será apenas una moda. O peor, será gorila y no será nada (aunque todo deje una huella). Sucede que el peronismo, inabarcable y sin límites precisos, por ser un movimiento y no un partido político tiene una capacidad inaudita de recuperación, de reestructuración que lo hace renacer de diferentes formas, a veces contradictorias pero no antagónicas. El peronismo es inventor movimientista, y como movimiento fluye y refluye, va y viene, al igual que el mar.

 

                      Bastó escuchar a Cristina Fernández de Kirchner  en la Feria  Internacional del Libro de Buenos Aires (ver aquí: https://www.moretticulturaeros.com.ar/yo-sola-no-puedo-escribe-amilcar-moretti/  ) para atender y entender que habló con “o” y con “a”. No incluyó la “e” (aunque algún día, quizás…ha de definirlo el uso -o no- por parte del pueblo, por mayoría). Por ahora, la “e” es solo habla, charla, lenguaje, de modo parcial en lo colectivo. En cambio, el peronismo en Argentina es una totalidad que, entre otras muchas impensables cosas, puede digerir (y hasta desechar) la “e”. El peronismo, por su multiplicidad, no necesita que le impongan la “e”. Por su multiplicidad incorpora, o puede incorporar, solito, de modo implícito o explícito, todos los géneros y diversidades.

 

                     Cristina Fernández incluyó al “verde” (favorable a legalizar el aborto) y al “celeste” (contrario a su legalización). La tapa de su libro es color azul, tal vez por aquello de “azul el cielo” en la Aurora. Cristina habló de “hombres y mujeres”, y quedó subrayado que primero fue el sustantivo “hombre”. Eso no la hizo menos mujer. Al contrario, la reforzó como Mujer, como Hembra Coraje, como Yegua. Y “Yegua” es “a”. “Yegu(A)”. En una disertación anterior, no hace mucho, Cristina habló de que ya era un tanto incompleta la dicotomía “izquierda-derecha” ante la actual transformación económica y cultural de lo que, quizás, sea un inimaginable capitalismo o algo peor.

 

                   Cuando la investigadora argentina Rita Segato inauguró la Feria del Libro centralizó la primera mitad de su disertación en el concepto de “colonialidad“, en nuestro estatuto colonial no solo en economía sino también en libros y cultura por parte del norte, en especial la deteriorada Europa y los Estados Unidos. Segato —me gustaría  escuchar el juicio de Dora Barrancos, otra gran investigadora, socióloga, historiadora y feminista argentina, directora del CONICET hasta hace unos días—, Segato, repito, alertó sobre que no nos corresponde el “feminismo pilgrim” de Estados Unidos (MeToo), puritano, ni el feminismo del Manifiesto de las Intelectuales de Francia.

 

          Segato aclaró que aquí debe construirse un feminismo propio, argentino e íberoamericano, y que el “Ni Una Menos” es un primer gran paso del movimiento de mujeres de Argentina. (Ver aquí: https://www.moretticulturaeros.com.ar/rita-segato-sus-consideraciones-sobre-los-peligros-de-la-colonizacion-externa-y-de-si-mismo-hacia-adentro-en-el-feminismo-en-argentina/   )

 

                 A propósito de esto último,  seamos sinceros, ¿se puede ser feminista y gorila? Lo Real Argentino indicaría que sí, se puede. Una manera de ser “feminista” clasista y racista (anti-mestizo, anti-cabecita negra). También en Argentina hay un “feminismo Hollywood” (MeToo) y desde mucho antes hubo y hay un Feminismo Peronista (Evita). Para el poder de derecha lo peor no es el feminismo Hollywood de hoy. Para ese Poder en Argentina lo peor sigue siendo el peronismo. Te deja y estimula a ser feminista Hollywood, diverso y bastante más. Y al mismo tiempo te condiciona para sustituir derechos sociales, laborales y previsionales por “derechos civiles”. Pero se espanta si sos peronista (populista productivista distribucionista).

 

                      ¡Ojo! El peronismo ya ha demostrado muchas veces -así nació- que puede absorber todo, bueno y malo, derecha e izquierda, patrones y asalariados y desocupados, feministas y gente “anti-aborto”. Todo, para bien o para mal. Y aunque el peronismo hable con “o” y con “a” (o con “a”, primero, y “o” después) da igual porque el peronismo, en la base, por esencia y sustancia, es igualitarista con los suyos, el pueblo, la “gleba” y los populares de todas las variantes de clase media y pequeños-medianos patrones.

 

                      Cuando en 1945 Perón fue encarcelado durante ocho días por sus políticas sociales para los asalariados y los pobres, Eva Perón lo relató así en “La Razón de mi Vida”, entre las páginas 44 y 47 en mi Edición Escolar Peuser de abril de 1953, Capítulo IX, “Una gran luz”:

            “Yo – lo confieso honradamente- busqué con afán en todas sus cartas, una palabra que me dijese su amor.

             “En cambio casi no hablaba (Perón) sino de sus “trabajadores”…, a quienes por aquellos días la oligarquía, suelta por las calles, empezó a llamar “descamisados”.

              “Su rara insistencia me iluminó: ¡aquel ‘encargarme de sus trabajadores’ era su palabra de amor, su más sentida palabra de amor!

                “Comprender aquello fue –y lo es todavía– una gran luz en mi vida…”

               “A mí, a una humilde y pequeña mujer, me encomendaba el cuidado de sus trabajadores, lo que él más quería. Y yo me dije a mí misma: –Pudo encomendárselo a otros, a cualquiera de sus amigos, incluso a algún dirigente gremial… pero no, quiso que fuese yo… ¡una mujer que no sabe otra cosa que quererlo!

              “Esa era sin duda la prueba absoluta de su amor. Pero una prueba que exigía respuesta; y yo se la dí.  

                “Se la dí entonces y se la sigo dando. Mientras viva no me olvidaré que él, Perón, me encomendó a sus descamisados en la hora más difícil de su vida.

             “¡Mientras yo viva no me olvidaré que él, cuando quiso probarme su amor, me encargó que cuidase a sus obreros!” (1)

 

                Suelo pensar medio en broma y medio en serio que, en Argentina, hasta los gorilas más recalcitrantes son peronistas, al menos en algunos oportunistas y fugaces matices. Acaso Cristina Fernández le hizo un “guiño” a Trump en materia de industrializar y bajar desempleo (a pesar de los 60 millones de desprotegidos sociales absolutos que en Estados Unidos viven -si no mueren- por caridad salteada). Ese “guiño” tuvo la astucia de los “guiños” de Perón, y también su imprecisión y ambigüedad. Estados Unidos no es precisamente zonzo. Pero ese “guiño” de Cristina Fernández no es sin costo: puede agregar malestar a la oposición Demócrata y de la mundialización financiera.  

 

                 Por eso, el peronismo no ignora ni va a abandonar a las diversidades; al contrario, las quiere, desea incluirlas. Que todos se sumen, porque todos suman. Todos. No importa de dónde provengas, desde lo liberal social democrático hasta lo izquierdista, desde lo progresista blanco hasta lo conservador con sensibilidad social, desde el anti-aborto hasta el pañuelo verde, desde los capitalistas (“empresarios”) o patronales hasta el mísero descartado por el neoliberalismo, desde el medio facho (o facho total) hasta el nacionalista popular. Y cristianos, judíos, musulmanes, turcos, ateos, sirios y agnósticos. Gays, maricas, abstinentes, tortas, putos, abstemios. Cafieros y herminios iglesias, caben todos, diría Perón, siempre que  “no saques los pies del plato”.

 

               El peronismo, al ser abarcador por ser un movimiento, tiene y tuvo siempre un adversario mayor, un enemigo central superior a cualquiera de las disidencias de género de aquí. Así, en materia de diversidades, hoy, entre irrupción  y legitimación, si logra equilibrio con la iglesia (Bergoglio) (esto solo el tiempo lo procesará con la finura que requiere), no va a dejar  fuera a diversidad alguna del tipo que sea. Solo hace falta  sumar en el lugar apropiado. Y así debatir la idea y el sentir de cada quien y cada cual dentro -y no desde enfrente-, juntos, junto a los tuyos, los que sienten y piensan parecido e igual a vos, y esforzarse por persuadir al otro que no advierte. Para ser más fuerte, dentro, con los pies nunca fuera del plato, en equilibrio para y con el peronismo todo, que es -intenta siempre- justamente eso, equilibrio.   

 

 

( 1) EVA PERÓN. “La razón de mi vida”. Páginas 44 a 47, capítulo IX: “UNA GRAN LUZ”. Edición Escolar Peuser, impreso en la primera quincena de abril de 1953 en los talleres Peuser de la calle Patricios 565, Buenos Aires. Precio de venta: $8 moneda nacional.

 

(Tomada de Facebook este 7 de mayo del 2019, centenario del nacimiento de Eva Perón)

(Tomada de Facebook este 7 de mayo del 2019, centenario del nacimiento de Eva Perón)

 

 


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