Vendrán historias. Muchas las he contado a través de los años a algunos buenos amigos, siempre sin dar nombres. Ya he dicho que algunas de esas historias en sustancia son siempre serias, aunque desopilantes algunas y otras lamentables. Digamos que esta especie de género tiene una variedad de especies dramáticas que, en verdad, sorprende. Obviamente no resultan una sorpresa para mí al momento de contarlas aunque sí, sucede a menudo, en oportunidad de su acontecer real. El grupito de elegidos que me escuchan, años después, me siguen con simpática atención y dudan mucho de mi veracidad, abren grandes los ojos en señal de descreimiento pero, sobre todo, creo, por inesperada sorpresa ante asuntos que están muy cerca de cualquier humano conviviente el día a día con cualquier otro común humano y que, sin embargo, no  son percibidos, no son registrados.

                        Los más cercanos al tema, los que escriben -por ejemplo un amigo de juventud escritor y guionista, residente en Barcelona desde la última dictadura cívico-militar- me han advertido: «Ahí veo un libro». Juntar todas esas historias de modelos mujeres y autor fotográfico (yo) y estructurar una narración de asuntos, aspectos y detalles significativos y -porqué no- extraños sobre el comportamiento humano. El tipo común, en este caso la mujer común suele albergar perfiles y modos de pensar y sentir que delatan circunstancias extraordinarias. He llegado a preguntarme: «¿Cómo han hecho para sobrevivir a todo eso?», o bien «Ah, claro, por eso actúa (frente a mí) y dice eso (no creíble, u horrible)». Pero no es tan simple. Es gente (como toda, supongo) que en la singularidad de una sesión de fotografía de arte en desnudo en situación de cotidianidad (el tipo de fotos que hago) deja escapar, manifiesta como desahogo o bien que en estado de vulnerabilidad (no hay que olvidar que se trata de horas en desnudez) ve la oportunidad de relatar cuestiones al fin y al cabo bastante frecuentes pero no siempre aceptadas en el resto de la vida.

Desde el otro lado de la persona que ha contado, mi lado, hay una disposición a escuchar que no es para nada habitual. La desnudez de una «modelo vivo (a)» en pocos minutos habilita una apertura momentánea, no calculada, es cierto, que también deja de estar de forma sorprendente poco después de terminada la jornada. Decir, contar, recordar, confesar, revelar o comunicar es difícil y a la vez acontece con fluidez durante momentos de la sesión de fotos. Tampoco es fácil para el que escucha, el fotógrafo, el artista, al menos después, cuando pasan los días. Al momento de registrar la fotografía y escuchar la «confesión» el hecho de estar ocupado en fotografiar y los preparativos que anteceden y suceden permiten al fotógrafo un estado de apertura sin enjuiciamiento, similar -tal vez- al de un psicoanalista con su paciente. Al producirse en ese espacio-tiempo  una sensibilidad particular lo escuchado se graba de modo profundo aunque no haya señal externa alguna.

 

                              Después, cuando se recobra el estado cotidiano de la vida y las cosas y la modelo se va a su casa es que surgen sensaciones e interpretaciones de lo escuchado y, a veces, porqué fue dicho eso que se ha escuchado. Ahí los límites pueden confundirse así como el tema de la desnudez, que ya pasado el momento de la sesión, puede hacer suponer  algo generalmente imaginado, fantaseado. La modelo de desnudo experimentada actúa, así como actúa una actriz en un escenario teatral. La debutante puede que tenga alguna duda y se inquiete por los motivos que desconoce de sí (no todas las modelos se desnudan por razón de necesitar un ingreso en dinero, y mucho menos lo hacen para seducir a conciencia). Estas confusiones posteriores que involucran también al creador a veces son conflictivas, hasta dolorosas, como un amor que no es tal. La mujer no sabe lo que suscita, y el hombre no distingue lo que siente de lo que fue. O bien a veces fue, puede haber sucedido, pero ya no es. En ese caso todo lo acaecido fue en el marco actuado de la desnudez.

Imagen compuesta por AMILCAR MORETTI en enero del 2026. Sobre un registro digital original inédito tomado en el 2012. En la ciudad de La Plata, a 50 kilómetros de Buenos Aires.

(La imagen de tapa -se reproduce al comienzo del posteo- fue compuesta en estos días de enero del 2026. El registro original es un digital color en formato de cámara réflex 35 mm del 2022. Hasta hoy esta imagen -como otras cientos con @Mijalmodelovivo (INSTAGRAM)– permaneció inédita. Fueron con ella cinco sesiones.)

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