Jerusalén se llamaba y venía del otro lado de la Cordillera. La recuerdo a ella y algunas de sus palabras, pocas, que pronunció durante la sesión. Era alta, contundente, morocha. Fuerte. Ojos bien abiertos, o mejor, de mirada penetrante, indagadora. Mirada que observaba. Sin moverse, solo con los cambios de posición que yo le indicaba, llevaba la cuenta muy atentamente lo que yo hacía para mirarla y fotografiarla a ella. No se esforzaba y, diría,  me dejaba hacer sin hacer nada. Después, al terminar la sesión de toda la jornada, ya de noche, al subir al taxi que la llevaría hasta la estación terminal de ómnibus para regresar a la ciudad de Buenos Aires, me disparó: «No me dejaste expresarme». Quedé atónito, sorprendido. Le reproché que no me lo hubiera dicho mientras foteábamos, pero ya no hubo respuesta. El auto se fue con ella adentro.

Amílcar Moretti

(La imagen de tapa -ver también más arriba- fue compuesta en estos días tristes y vengonzosos del mes de febrero del 2026. Sobre un original digital registrado en el 2016)

Imagen compuesta por Amilcar Moretti en estos últimos días del mes de febrero del 2026. Sobre un original registrado en el 2016.

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