La imagen de Tapa (ver también más arriba) fue compuesta en estos días de febrero y marzo del 2026. Sobre un original inédito registrado en el 2016. Buenos Aires. Lo mismo con la imagen de más abajo.
Escribe
AMILCAR MORETTI
Los tiempos se han complicado. Guardan una «novedad» que no alcanzamos a descifrar. Son otros los parámetros de explicación, insatisfactorios siempre. Se trata de algo más ignorado y desconocido para los que nacieron después de 1945, cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tiempos complicados de manera novedosa. Siempre fueron «novedosos» los nuevos tiempos para las nuevas generaciones que toman el frente, la vanguardia, con desenlaces desgraciados para muchos de los más arrebatados. En estos días, una guerra «lejana» se expande y amenaza -esta vez sí- con ser la Tercera Mundial, dicen. Es probable.
Entre aquel 1945 y más o menos 1980, subsistieron las llamadas Guerras de Liberación Nacional, en Sud América, en África, en Asia. A nosotros, los argentinos nos costó al menos 30 mil asesinados-desaparecidos. Salvo algunos países de Centro América, creo que fue Argentina la que más víctimas inocentes, con sus restos aún no encontrados, la que más sufrió en el subcontinente (cálculos de organizaciones armadas de izquierda, ya desaparecidas, calcularon siempre entre 800 y 900 los militantes armados, generalmente con pertrechos antiguos e inadecuados para la guerra contra un ejército regular) 30 mil asesinados, violados desaparecidos, mínimo. No es un privilegio. Fue un error. Por Pasión Revolucionaria o por Ausencia de Sentido de Realidad se produjo esa conclusión de 30 o 40 mil desaparecidos (oficialmente un poco más de 10 mil), que aún son uno de los temas pendientes que no nos dejan pasar de Deseo de Nación o Nación como Deseo Inconcluso a una etapa -«superior»- de Nación Organizada, integrada.
Muchas veces me pregunto, internamente, con malestar y angustia, porqué dejé de dar prioridad a la escritura de prensa y ficcional y me trasladé de lleno a la fotografía, aunque siempre registré fotos, desde 8 o 9 años. Mi formación de fotógrafo fue en el cine: todas las noches una película -a las 21 PM- europea (francesas y suecas, en especial) , argentina, norteamericana, desde mi nacimiento y también en la panza de mi madre. En el cine frente a casa, en el pueblo. Ya lo he contado decenas de veces. Otro tanto le sucedió a mi hermano mayor, ya fallecido, aunque con otra vía.
Pero lo que más pregunto en los últimos años es porqué dentro de la fotografía -no hace tanto reconocida como arte- elegí el género de desnudo femenino, exclusivamente. Nadie nunca me mencionó seriamente el porqué de esa elección, aunque alguna mirada de macho puede haber llegado a la vulgar y tonta conclusión de que mi meta era conseguir chicas. No. Eso es una boludez propia de gente gente rústica, iletrada, sin libros ni historia del arte encima, cualquiera sea su ubicación en la escala social. Lo mejor para seducir muchas mujeres es dedicarse a eso, no a registrar fotografías. Yo, hoy, creo verlo un poco más claro. No lo hago como negocio, no para vender, no para conseguir chicas. Es que voy en reconocimiento, cada vez más, de que un cuerpo joven y bello desnudo de mujer vital es el mejor antídoto contra la guerra, la muerte, las mutilaciones, las demencias posbélicas y un montón de otras catástrofes aún menos enunciables por el horror que contienen.
