UNA CHICA SIN MIEDO A SU VAGINA. Imágenes por AMILCAR MORETTI

 

 

 

MEMORIAS DE AMILCAR

 

 

 

Por
AMILCAR MORETTI
(Texto e imágenes)

 

 

 

 

               AMILCAR MORETTI. AUTORRETRATO, 2017.web DSC_2447Chica caraqueña en Buenos Aires. Viva, vivísima. Pícara, perceptiva, rápida de reflejos. Viajera, hacía poco en Chile. En ese momento pasaba por Argentina -era el 2014- y en unos meses estaría en otros países latinoamericanos. Como decimos aquí, era capaz de coger (enlazar) un avestruz al galope. Astuta y adaptable. Metida en proyectos de entrenamiento artístico y de construcción social-comunitaria que no terminaban de quedar del todo claros y precisos para el que la escuchaba, pero que igual resonaban por su rapidez mental. Mucho, bastante para una chica entonces de menos de 25 años. Venía de Venezuela, no hacía saber si con apoyo del Estado o no, pero era notable la lista de sus actividades pasadas en intensidad y variedad.

 

 

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

 

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            Buenos Aires antes de diciembre del 2015 permitía hacer un relevamiento de las distintas etapas culturales, todas dinámicas, que vivía el subcontinente sur, al menos desde su juventud activada, sobre todo femenina. Las chicas parecían más actuantes, más arremetedoras, más arriesgadas. 

 

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Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

                   Viva y vivida, con esa formación tan difundida entre el hinduísmo de por aquí, lo Verde, el humanismo pacifista difuso y la creación artística colectiva aplicada en el propio cuerpo, a modo de “la vida como performance”. Buenos Aires entonces ya rebozaba de venezolanos y colombianos. Los de Colombia, mejor aún, las colombianas, hacía tiempo que llegaban atraídas por la multiplicidad y riqueza que ofrecía Buenos Aires desde que en el 2003 comenzó a mejorar la actividad social y productiva.

         Para ella, mi modelo, con peculiar nombre inspirado en el hinduísmo pasado por el filtro de lo latinoamericano, se trataba de vivir rápido, intenso y sin ataduras, lo que incluía una sexualidad -por ejemplo-, según ella alardeó, activada. Nada más opuesto a esta latina del norte que se tragaba Buenos Aires que, por ejemplo, las chilenas, que lucen una rigidez sorprendente. Buenos Aires en el 2014 permitía hacer un relevamiento de las distintas etapas culturales, todas dinámicas, que vivía el subcontinente sur, al menos desde su juventud activada, sobre todo femenina. Las chicas parecían más actuantes, más arremetedoras, más arriesgadas. 

 

 

 

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

 

 

 

                 Como dije, para esta chica de Venezuela parecía “la vida según performance”. Tal vez creía haber tomado su vida como una obra de arte, como una construcción estética -si es que existe aún tal cosa como la estética- erigida en el día a día. El concepto de vida como forma de arte en construcción no era nuevo, tenía ya una larga historia, pero parecía en ese tiempo renovarse -también- con el intercambio cultural. Para estas jóvenes no parecía haber un ayer fijo ni un futuro muy claro. Lo único que se hacía notorio era el cambio, lo que implicaba tanto ambigüedad como indefinición, por un lado, y por otro creación y transformación. Una mezcla peculiar, casi una coartada, entre descompromiso y compromiso.

 

 

 

 

                     Parecía siempre a prueba. Todo lo tenía a prueba. Ella probaba. Le servía como experiencia y a la vez como modo activo de no hacerse cargo a fondo de lo que hacía pero actuado, accionado, sí, con intensidad, con fervor, un entusiasmo y una energía que le permitían dejar atrás fácilmente todo, o así lo creía. Tenía la ingenuidad de creer en el olvido. ¿Qué tanto puede sostenerse esto es un enigma, en todo caso un desafío? Pero también, lo que ya dije, una suerte de descompromiso donde hoy las cosas pueden ser o parecen ser de una forma y mañana, tal vez, es probable, seguro, sean de otra, que nadie sabe ni conoce, ni ella misma.

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

 

 

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               Esto es -parecía- la muchacha venezolana. Apariencia, sustancia. Si James Cagney fue el hombre de las mil caras, en su papel de ficción en el cine, esta mujercita pudo ser la mujer de los cien rostros, cada uno válido y legítimo, también dudoso y no estable.

 

 

 

 

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                Esto era -parecía- ella. Apariencia, sustancia. Si James Cagney fue el hombre de las mil caras en su papel de ficción en el cine, la muchacha de Venezuela pudo ser la mujer de los cien rostros, cada uno válido y legítimo, también dudoso y no estable. Inestable, seguro. Parecía tragarse la vida. Jugando con las palabras reconocía que quién sabe cuántas podía ser y cuántas había sido.

En una foto de postulación que me envió aparece como una muchacha con cuerpo de vedete escultural vestida con una especie invisible de hilo dental, con nombre propio en “venezolano”. En la primera jornada de fotos de desnudo se presentó con apariencia de  catequista, una cuáquera de piel blanca. Audaz,  a los cinco minutos estuvo desnuda y permanecía desnuda todo lo que  permite el cuerpo sin trabas, sin circunstancias fijas. Dijo algo así como que había crecido desnuda y se notaba que estaba acostumbrada a su desnudez.

 

 

 

                            No la asustaba su vagina, su vulva, que mostró como al olvido. Sabía ingenuamente de la fascinación de la vulva, afeitada, depilada, lisa, y allí permanecía como perdida, aunque se la advirtiera sabedora de su poder de hechizo. Perspicaz, sabía bien qué llamaba la atención y qué no, conocía dónde hacerlo y con quién puede estar segura, yo, en este caso, que pasé a ser algo así como una especie de una de sus víctimas. No daba nada íntimo, aunque hiciera suponer que podía darlo, y a la vez daba a full todo lo expresivo.

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

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Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

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               Ella era y a la vez se diluía. El segundo día que vino a sesión, esperada, anunciada por el conserje del hotel, se apareció como otra mujer. Ya no era la catequista evangélica sino una chica actual y llamativa con calzas de fibra sintética color símil cyan  y con la mitad de su cuero cabelludo cortado casi al rape. No la reconocí. O sí, sabía que era ella. Me habían anunciado que ella subía a la suite.

Abrí la puerta y me encontré con otra mujer. Inquieto, desorientado, terminé por preguntarle quién era, aunque sabía que la conocía, que era  la chica que había fotografiado dos días antes. Ella jugaba con esas ambivalencias. No obstante, me explicó, me justificó, se esforzó por tranquilizarme. Le era más cómodo y rápido.

 

        No sé quién puede ser hoy. Esa es su fuerza, y esa, también, su fragilidad. Tiene suerte: le toqué yo. Inofensivo, crédulo, inspirado para creer (aún cuando sea por poco tiempo). La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. La muchacha tuvo suerte al estar conmigo. Tal vez yo también haya tenido suerte con ella. Ignoro quién será en este momento.  Quién ha de aparecer la próxima vez. ¿Habrá continuación? No lo creo.

 

 

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

 

 

 

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

 

 

 

 

 

 

Imagen por AMILCAR MORETTI. Reedición de imágenes del 2014, en BUENOS AIRES, en suite de calles Viamonte y Avenida Callao.

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1 comment

  1. Aaron Romero febrero 18, 2018 3:28 pm  Responder

    Hermosas como siempre , acompañadas de tu pluma incisiva, excelente mi estimado Amilcar , abrazos desde tierras aztecas…

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