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Y un día volvió Grisella. Fue ayer lunes y todo se iluminó. Fotos por AMILCAR MORETTI

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Grisella de Buenos Aires otra vez en ERÓTICA DE LA CULTURA.

Grisella, desde Europa y Brasil a mi jardín. Foto por AMILCAR MORETTI. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.
Grisella, desde Europa y Brasil a mi jardín. Foto por AMILCAR MORETTI. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.

 

 

 

 

                                      Amilcar Moretti. Autorretrato. 2014. P2250093 No es fácil contar la aventura de Grisella de Buenos Aires, quien ha prometido quedarse conmigo largo tiempo. Corrijo: estar en ERÓTICA DE LA CULTURA. Con apenas 26 años ha pasado de ser clochard en París y comer con fruta dejada en la vereda por los hipermercados en las madrugadas de las calles de San Pablo, Brasil, ciudad dura si la hay, a codearse con increíbles supermodelos internacionales en Londres, aún cuando esas mujeres de otro planeta no recuerdan al día siguiente con quien pasaron la noche. No es fácil explicar cómo alguien puede cumplir tareas terapéuticas de asistencia a niños discapacitados mentales en los barrios pobres y pesados de las megaurbes brasileñas y a la vez cruzar una y otra vez el océano para modelar en ateliers de pintores y estudios de fotógrafos. Zen por convicción, alta y blanca y tersa por nacimiento, su cuerpo de escultura sólida contrasta y armoniza con una melena de leona, unos ojos grandes y profundamente blandos y una boca de labios para quedarse sin ojos. Cuando se desnuda y se mueve alrededor de uno como en su casa, sorprende e impresiona, suscita la mudez, su blancura que, por momentos resplandece.

                          Locuaz, ingenua, imaginativa, cambiante, flexible, liberada, con experiencias que relata con una naturalidad que llama la atención, por momentos parece que el exceso de humildad de Grisella es casi un despojamiento de tabúes y temores o una irresponsabilidad que la transporta a otro planeta. Le digo que es una mujer de coraje cuando con una sonrisa leve al pasar cuenta las tantas veces que durmió en un colchón en la calle acompañada y tratando de salvar a un chico de la calle quebrado por el crack y la cachaza, y ella lo desestima. Dice que no, que no se siente particularmente valiente. Hija de la clase media porteña, con una infancia en una lujosa confitería nocturna que supo iluminar las noches de joda de Buenos Aires, habituada desde los seis o siete años a ver transas y mercas de todo tipo, parece un milagro que conserve una cordura y estabilidad emocional que la ha llevado al desprendimiento budista. Nada de lo material parece que le atañe, un día vive en un penthouse de Milán y al mes siguiente se la encuentra en las calles de Londres con un grupo de universitarios polacos y norteamericanos. Becaria en bellas artes en algunos momentos en otros ha trabajado de mesera y en otros ha sido estrella entre las chicas que brillan en algún boliche de onda parisino. No le interesa el dinero, y ahora, en un brote de “mamismo”, de volver a la casa materna y visitar a su padre, retornó también a mí después de cuatro años. Todas saben que soy un bronquero, un cabrón que brota en grandes conflictos y a los días voy a hacer las paces y decir que me fui de mambo, y que el otro, la otra también se fue por el mismo lado. Quizás por esta última parte, la de hacer las paces es que me imagino que está de nuevo aquí por mí, y me gusta fantasearlo, y hasta quizás sea verdad porque está en casa, trabaja sin mirar el reloj, se niega a cobrar los honorarios que les pago a todas, y repite que conmigo aprendió. En verdad, confieso que yo he aprendido de ella, por ejemplo en el conocimiento de artistas musicales brasileños de los cuales no tenía la menor noticia y que componen la clave de la mejor y más compleja cultura intelectual y popular del gran país hermano. Y en la percepción de un tipo de ingenuidad y desprendimiento que oscila entre la Gelsomina felliniana y Carlitos Chaplin cuando se va por el camino del brazo de su chica de la calle hacia la incertidumbre de un sol que solo pide que crean en él.

                         Por ahora Grisella sigue aquí, y me jura y vuelve  jurarme que ha quedarse un largo tiempo y que trabajaremos mucho juntos. Le creo, por el entusiasmo que pone al decirlo y a la vez le adjudico a sus palabras la categoría de lo soñado, de eso que se esfuma cuando uno despierta una mañana cualquiera. A cada rato miro a ver si está, si no se esfumó como un holograma. Creo que Grisella se quedará con Erótica de la Cultura pero, aún así, no me extrañaría que un día de estos me llame desde Barcelona o San Francisco para decirme de algo inverosímil. Con Grisella todo es posible, menos asirla, sujetarla. A Grisella hay que disfrutarla mientras está y comprenderla cuando se evapora y manda cariños y besos desde el otro lado del globo.

(por AMILCAR MORETTI)

 

AMILCAR MORETTI. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.
AMILCAR MORETTI. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.

 

 

 

 

 

 

 

Grisella por Amílcar Moretti. Lunes 30 marzo 2015. Argentina.
Grisella por Amílcar Moretti. Lunes 30 marzo 2015. Argentina.

 

 

 

 

 

 

AMILCAR MORETTI. Ayer lunes 30 de marzo, primeras horas de la tarde, con vista al parque. 2015. Argentina.
AMILCAR MORETTI. Ayer lunes 30 de marzo, primeras horas de la tarde, con vista al parque. 2015. Argentina.

 

 

 

 

 

 

AMILCAR MORETTI. Esplendor de Grisella. 30 de marzo 2015.
AMILCAR MORETTI. Esplendor de Grisella. 30 de marzo 2015.

 

 

 

 

 

 

Grisella de cuerpo entero, iluminada por su propio esplendor. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.
Grisella de cuerpo entero, iluminada por su propio esplendor. Lunes 30 de marzo 2015. Argentina.

 

 

 

Modelo: GRISELLA de Buenos Aires.

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